La asociación ARBA Colmenar Viejo ha recibido el X Premio Compromiso Ambiental por su incansable labor en la restauración del bosque autóctono, la educación ecológica y la defensa activa del patrimonio natural.
Redacción. El presidente de ARBA, Arsenio González, detalla con voz serena y convicción el valor de una tarea que se ha mantenido viva gracias al trabajo voluntario y el legado inspirador de Carlos Llorente, a quien también se rindió homenaje en el acto celebrado el pasado 31 de mayo en el Cordel de Chozas.
La mirada de Arba Colmenar va mucho más allá del árbol que se planta. Cada encina, cada bellota regada en verano, cada acción educativa en los colegios es parte de una arquitectura del cuidado que, tras años de constancia, empieza a hacerse visible.
Plantar, regar, resistir
“Somos una asociación de voluntariado, sin ánimo de lucro, dedicada a la recuperación del bosque autóctono”, resume González. No plantan árboles de vivero cualquiera, sino que optan por bellotas y pequeños ejemplares de Quercus que requieren hasta diez años de seguimiento y riego estival: “Ya estamos viendo frutos de las plantas que pusimos hace una década; algunas ya no necesitan ser regadas, se han convertido en arbolitos”.
La metodología de ARBA es silenciosa pero contundente: reforestan cañadas, descampados degradados y fincas privadas, con permiso de los propietarios, claro; colaboran con colegios, institutos y asociaciones vecinas; mantienen una actitud crítica frente a la gestión del arbolado urbano. “El cambio climático hace que nuestra tarea sea más ardua, pero también más urgente. En cada árbol hay un escudo contra la erosión, las riadas, el calor extremo”.

Un legado que echa raíces
Carlos Llorente, primer presidente y alma fundadora de la asociación, sigue presente en cada acción de Arba. “Aglutinó los proyectos dispersos y nos enseñó a trabajar con método, convicción y alegría”, recuerda Arsenio. Por eso el premio recibido tiene una doble carga simbólica: “Es un estímulo a nuestra labor y también un homenaje a su figura”.
La educación ambiental ha sido otro de los ejes clave. Desde charlas en centros de adultos hasta plantaciones escolares con tetrabriks reciclados, pasando por colaboraciones con Cruz Roja o AMPAS. “Es fundamental concienciar a las familias y a los centros educativos. No solo es plantar árboles, es sembrar ideas”. A través de alianzas con colectivos como ANAPRI y de eventos como los biomaratones de flora, ARBA documenta la biodiversidad local y fortalece la red de cuidado ambiental. “Miramos al futuro con la voluntad de seguir reforestando, cuidando, integrando más socios. Porque cada persona que se suma multiplica nuestras raíces”.










