He leído con interés —y con una pizca de asombro— la iniciativa presentada por el PP de nuestra localidad bajo el lema “En defensa de Colmenar Viejo”. Nada menos que una campaña para proteger el buen nombre de nuestro municipio frente a los “discursos de odio” y el supuesto empeño de algunos en dibujar una ciudad en ruinas.
Permíteme un primer mensaje de tranquilidad: Colmenar Viejo no necesita guardaespaldas. Tiene siglos de historia, un tejido social sólido, empresas que funcionan, asociaciones activas, intelectuales en ejercicio, deportistas brillantes y vecinos que, con independencia de su voto, madrugan cada día para sacar adelante sus proyectos. Su prestigio no es una porcelana que se quiebre por una rueda de prensa o un vídeo en Tik-Tok.
Conviene también recordar algo elemental en democracia: la crítica no es un ataque al municipio, sino al gobierno de turno. Y gobierno no es sinónimo de pueblo. Cuando un grupo municipal cuestiona una decisión urbanística, una inversión o un servicio, no está hablando mal de Colmenar; está ejerciendo su función. Del mismo modo que cuando el equipo de gobierno enumera sus logros, no está monopolizando el amor a esta tierra.
Afirmar que señalar problemas “daña la imagen” de la ciudad resulta, como mínimo, curioso. Las ciudades no se deterioran porque alguien mencione un bache, sino cuando el bache no se arregla. No pierden atractivo porque haya debate político, sino cuando el debate se sustituye por consignas. Y no ahuyentan inversiones por la pluralidad de opiniones, sino por la falta de certezas.
Colmenar Viejo —y esto sí es indiscutible— es una ciudad dinámica, con calidad de vida y potencial de crecimiento. Lo es gracias a sus vecinos, a sus empresarios, a sus trabajadores públicos y privados, a sus jóvenes y a sus mayores. No pertenece en exclusiva a ningún partido ni necesita que nadie la defienda como si estuviera bajo asedio.
Si algo prestigia a un municipio es la madurez democrática: la capacidad de discrepar sin descalificar, de debatir sin dramatizar y de gobernar aceptando que la crítica forma parte del contrato. El “cuanto peor, mejor” es una tentación que conviene evitar en todos los lados del tablero.
Y otra cosa: cuando se acusa, conviene hacerlo de cara. Decir que “hay ciertos Grupos Municipales, Asociaciones y Plataformas” que hacen tales o cuales cosas es, además de un cúmulo de faltas de ortografía, porque sobran las mayúsculas, una falta de educación: díganse los nombres y formúlese la acusación. Si es que hay acusación que formular o esto no es más que una triquiñuela para lanzarse a la campaña electoral que nos va a tener más de un año en danza.
Agradezco, en todo caso, que los medios (los Medios, habrían escrito en la nota) no aparezcamos señalados. Eso está bien, aunque a veces nuestra pasión crítica pueda escocer a los gobernantes y a los partidos que los sostienen. Desde este periódico seguiremos haciendo lo que nos corresponde: contar lo que funciona y lo que no, ofrecer datos, escuchar voces diversas y confiar en la inteligencia de nuestros lectores. Si eso fuera dañar la imagen de Colmenar, tendríamos que revisar el significado de las palabras.
Entre tanto, podemos estar tranquilos: Colmenar Viejo seguirá siendo mucho más fuerte que cualquier eslogan.
Un cordial saludo.