Quienes estamos en los medios vivimos con una extraña sensación de urgencia permanente. Cada día hay algo que contar. Una decisión política, una polémica vecinal, una obra que empieza, una queja que surge, una noticia que aparece en cualquier rincón del mundo y acaba influyendo, de una forma u otra, en nuestra vida cotidiana.
La actualidad tiene algo de cinta transportadora: cuando creemos haber comprendido una noticia ya viene otra detrás empujando. Y luego otra. Y otra más.
A veces me acuerdo de un verso de Pablo Neruda, en aquel extraordinario poema titulado Walking Around: «Sucede que me canso de ser hombre». De lo que se cansaba el poeta -¡hace ya un siglo!- era del ruido de la modernidad. ¡Y no conocía TikTok ni las tertulias! Qué hubiera dicho hoy.
Vivimos rodeados de acontecimientos, de opiniones, de alertas, de mensajes, de vídeos que debemos ver y de debates que aparentemente debemos seguir. La actualidad se ha convertido en una especie de ruido de fondo que nunca cesa.
Por eso me parece especialmente oportuna la coincidencia de estas semanas. Madrid celebra su Feria del Libro. Colmenar Viejo celebrará la suya el próximo fin de semana. Y quizá no haya mejor excusa para reivindicar algo tan sencillo como abrir un libro y desaparecer durante un rato.
No hablo de leer para informarse. Para eso ya están los periódicos. Hablo de leer para desacelerar.
Hay autores que llevan años advirtiéndonos de los efectos de esta hiperactividad colectiva. El filósofo Byung-Chul Han ha escrito páginas interesantes sobre una sociedad agotada por la exigencia constante de producir, opinar y reaccionar. Otros, como Rafael Sánchez Ferlosio, ya decía aquello tan profético de que “vendrán más años malos y nos harán más ciegos”.
Leer tiene algo de acto subversivo. Mientras todo nos empuja a la velocidad, un libro nos obliga a aceptar otro ritmo. Mientras el mundo nos exige respuestas inmediatas, la lectura nos enseña a convivir con las preguntas.
Y quizá sea eso lo que más necesitamos.
No más información. De eso ya vamos sobrados.
Necesitamos más tiempo para pensar qué hacemos con ella.
Así que este fin de semana, si pasan por la Feria del Libro, compren algo. Una novela, un ensayo, un libro de viajes, un poemario o incluso uno de esos volúmenes que llevan años prometiéndose leer y nunca encuentran el momento.
Y después hagan algo todavía más difícil.
Cierren el móvil.
Busquen una sombra. Y dedíquense durante una hora a no estar en ninguna otra parte del mundo.
Hasta la semana que viene.