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Vecinos y Ayuntamiento discrepan sobre el estado de los contenedores soterrados

Foto: Diego Pedrosa

La Asociación de Vecinos por Colmenar denuncia el abandono y propone su retirada; el Consistorio replica que los fallos son mínimos y se gestionan con rapidez

Redacción — El debate sobre el estado de los contenedores soterrados en Colmenar Viejo vuelve al primer plano con una contundente denuncia de la Asociación Vecinos por Colmenar, que acusa al Ayuntamiento de abandono y falta de control sobre la empresa concesionaria del servicio de limpieza viaria. En una nota difundida el pasado 13 de mayo, la Asociación alerta de “averías continuas”, una situación que califican de “ruina”, especialmente en el Barrio de la Estación, donde, aseguran, muchas islas de contenedores permanecen inutilizadas durante meses y no hay alternativa en superficienp soterrados.

Los vecinos critican que el actual sistema hidráulico de recogida no soporta bien las filtraciones de agua, lo que provoca fallos recurrentes. “Es inadmisible que los vecinos tengan que soportar estas deficiencias durante tanto tiempo”, señalan, y reclaman al Consistorio que valore seriamente su retirada, como ya han hecho otros municipios, debido al alto coste de mantenimiento. También plantean una solución alternativa: licitar un servicio específico de conservación para estos equipos, al margen del contrato general de limpieza.

Respuesta del Ayuntamiento

Desde el Ayuntamiento, sin embargo, se desmiente la gravedad de la situación. En un escrito de respuesta a la Asociación, la Concejalía de Medio Ambiente afirma que solo hay diez puntos averiados de un total de 488 y que las reparaciones se gestionan “en el menor tiempo posible” por parte de la contrata. Aseguran también que reciben “pocas quejas” y que estas se concentran en dos zonas específicas (Avda. del Mediterráneo y Orient Express), afectadas por problemas eléctricos ya identificados y, en parte, solucionados.

El Ayuntamiento defiende el sistema soterrado por su capacidad de contener residuos bajo tierra, “con obvia disminución de impactos estéticos y de olores”, y niega que haya negligencia. “No es cierto que no se tomen medidas efectivas —afirma el documento municipal—. Algunas averías son eléctricas y de diagnóstico complejo, por eso requieren más tiempo”. También se rechaza la necesidad de crear un contrato paralelo: “Ya está incluido en el coste del servicio actual, que tiene contacto diario con la realidad”.

Frente a las acusaciones de falta de mantenimiento preventivo, el consistorio insiste en que el sistema cuenta con drenajes adecuados, y que donde hay problemas por condensación o nivel freático alto se han hecho adaptaciones técnicas, como la reubicación de equipos eléctricos.

Un sistema bajo sospecha

Este cruce de declaraciones vuelve a poner en evidencia la tensión entre parte del vecindario y el gobierno local en torno a la gestión de los residuos urbanos. Mientras unos hablan de abandono, otros defienden que los problemas son puntuales y están bajo control. La cuestión de fondo sigue sin resolverse: ¿merece la pena sostener un sistema que, aunque estéticamente más limpio, sigue generando dudas sobre su fiabilidad técnica y su coste operativo?

Los vecinos anuncian que continuarán vigilantes. El Ayuntamiento, por su parte, sostiene que no hay motivos para el alarmismo. Pero en barrios como el de la Estación, donde apenas hay contenedores en superficie, la percepción ciudadana parece inclinarse por la frustración. ¿Estética o funcionalidad? El debate sigue abierto.

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