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Color esperanza, poesía. “Planté cara al demonio de mis peores pesadillas”, dice Marta Roma

Marta Roma y la portada de su libro

Hay libros que no nacen para vender ejemplares, sino para sostener vidas. Color esperanza, poesía sobre la violencia, es uno de ellos. Marta Roma ha convertido su historia en versos que curan.

Robertti Gamarra. Poesía directa, sin ornamento, escrita con cicatrices aún abiertas.
Color esperanza poesía es mucho más que un título: es una declaración de vida.

Marta Roma nació en Madrid, pero lleva tres años en Colmenar Viejo. Allí presentó su primer poemario, Color esperanza, el pasado 20 de junio. “Me acompañó mucha gente del pueblo, mucha gente que yo quería, y fue como… me sentí libre por primera vez”, recuerda. Hablar sin miedo fue una experiencia que define como “impresionante”.

La escritura no fue solo un modo de expresión, sino una necesidad vital. “Yo no podía poner palabras a lo que había vivido, eran cosas tan atroces que parecían de película de Antena 3”, cuenta. El libro se convirtió en su medicina y, al mismo tiempo, en un mensaje para otras víctimas. “Quiero que mi libro sea un canto de esperanza para otras mujeres o niños que se encuentren en la situación que he vivido yo”.

Color esperanza nació de una batalla interna larga y dolorosa. “Hace cuatro años, me hice el regalo más valiente que jamás me haré”, escribe. El verso forma parte de uno de los poemas que reflejan su ruptura con el maltrato, su lucha contra el miedo y su renacimiento desde la oscuridad.

Para hacerlo posible, no bastó solo con escribir. “Se planta cara al demonio con mucha valentía y con una buena red de apoyo. Si no tienes a nadie que te sostenga, vuelves al maltratador”, asegura.

“He podido contar mi historia y, sobre todo, que estaba viva”

Publicar no fue un acto inmediato. El libro lo escribió hace dos años, pero esperó a sentirse lista. “En la corrección final me sentí plena, vi a la Marta de seis años, la que jugaba con peluches y daba el discurso del Nobel de Literatura. Sentí que había cumplido un sueño”.

Color esperanza fue editado por Talón de Aquiles. Le enviaron 150 ejemplares y ya solo le quedan 30. Después llegará a librerías de todo el país. Mientras tanto, lo mueve en redes, en actos pequeños y en lecturas compartidas.

No se considera gran lectora de poesía, aunque sigue a autoras como Elvira Sastre. De momento no escribe sobre Colmenar ni sobre paisajes externos. Todo es íntimo, biográfico. “No habla de entornos, no habla de nada. Habla de mi historia”.

Eso sí, ya trabaja en un nuevo proyecto. Quiere dejar atrás lo personal. “Quizás en el futuro cuente más, pero ahora quiero escribir sobre otros temas. Aunque siempre habrá algo de mí en lo que escriba”.

“Que no se detengan al primer tropezón”

Para quien se acerque por primera vez a Color esperanza, Marta tiene una frase clara: “Es un canto a la vida. Un libro de carácter social que habla de resiliencia. De la capacidad de superar incluso las circunstancias más adversas”.

Y a quienes luchan su propia batalla, les lanza este mensaje: “La vida es como una montaña. Nunca es lineal. Si estás subiendo el Kilimanjaro, te vas a caer muchas veces, pero hay que seguir subiendo. A la décima caída dolerá, pero ya no será tanto”.

Color esperanza nació para recordarlo. Para gritar que, incluso desde el fondo, se puede volver a escribir.

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