La comunidad musulmana de Colmenar Viejo, formada mayoritariamente por vecinos de origen marroquí, quiere dar un paso adelante en su integración social y política en el municipio. Así lo explica el presidente de la Comunidad Islámica de Colmenar Viejo, Fouad Barrouhou, con quien hablamos largo y tendido en la Mezquita Al-Hiyra, de la calle Magdalena.
Juan Torres.- Fouad nos recibe en la mezquita con una amabilidad absoluta y un termo de café que nos ventilamos en dos largas horas de charla. Es un hombre en plena madurez, que lleva 26 años viviendo en España y más de media vida en Colmenar Viejo.
Se gana la vida como conductor de autobús (los pasajeros del 720 se lo habrán encontrado alguna vez), pero dedica muchas horas a gestionar la mezquita, cuya asociación preside desde que fue elegido hace tres años.
3.000 marroquíes
Fouad asegura que en la localidad viven “casi 3.000 marroquíes”, aunque solo están empadronados 2.000, lo que significa, según sus cálculos, que hay unas quinientas familias de esta nacionalidad.
Prácicamente todos son, al menos nominalmente, musulmanes, aunque solo una pequeña parte participa activamente en la vida comunitaria o religiosa. Hay unos pocos de otras nacionalidades, pero en números irrelevantes.
Tercera generación
Los primeros inmigrantes marroquíes llegaron a la Sierra Norte durante los años noventa atraídos por el trabajo en la construcción. La segunda generación ya se empezó a dedicar a oficios especializados y ahora muchos hijos de aquellos trabajadores -la tercera generación ya- estudian en la universidad o preparan oposiciones.
“Tenemos muchos jóvenes estudiando carreras universitarias, y muchas mujeres entre ellos”, señala.
Para Fouad, que tiene tres hijos plenamente colmenareños, la prioridad ahora es implicar a las nuevas generaciones en la vida social del municipio. “Queremos que participen en todas las actividades, en el deporte, en las elecciones municipales, que se sientan parte de Colmenar”, explica.
Una mezquita discreta y abierta
La mezquita ocupa dos antiguos locales comerciales unidos y acondicionados para el culto y la enseñanza. Dispone de varias aulas, espacios de oración y zonas separadas para hombres y mujeres. Allí se imparten clases de árabe y del Corán a niños y jóvenes, organizados en pequeños grupos.
La gestión corre a cargo de una asociación registrada oficialmente en el Ministerio de Justicia, con presidente, secretario y tesorero, además de profesores contratados y un imán que reside también en Colmenar Viejo desde hace dos décadas.
El presidente de la Asociación insiste en que el centro mantiene una línea “moderada” y orientada a la convivencia. “Nos interesa un islam pacífico y adaptado a la realidad actual”, afirma. También reconoce que muchos jóvenes de origen marroquí apenas practican la religión y que las nuevas generaciones están cada vez más alejadas de la mezquita tradicional.
“El problema es el desconocimiento”
Durante la conversación, Fouad lamenta que todavía existan prejuicios hacia los musulmanes y asegura que muchas veces el rechazo no es religioso, sino étnico. “Hay personas que, cuando saben que un piso está encima de una mezquita, prefieren no comprarlo”, comenta.
Aun así, considera que la convivencia en Colmenar Viejo es buena y destaca la colaboración habitual con la policía local y la guardia civil para mediar en conflictos juveniles o problemas vecinales. “Aquí no tenemos los problemas de otros barrios de grandes ciudades”, asegura.
También admite preocupación por algunos fenómenos de delincuencia juvenil y bandas, aunque insiste en que “no tienen nada que ver con la religión”. Según explica, desde la comunidad intentan trabajar con las familias y transmitir a los jóvenes la importancia de estudiar, trabajar y respetar las normas.
Regularización e inmigración
Sobre el debate político en torno a la inmigración y la regularización de extranjeros, el representante de la mezquita defiende que quienes llevan tiempo trabajando y viviendo en España deben tener opciones de regularizar su situación, aunque reconoce que el fenómeno migratorio necesita “más control y más oportunidades en los países de origen”.
“El problema no se arregla solo aquí. Mucha gente emigraría menos si hubiera trabajo y estabilidad en sus países”, sostiene.










