Diego Pedrosa es un tipo peculiar. Colmenareño de pro, porque lleva pagando sus impuestos aquí hace cerca de treinta años, nació en Pozuelo de Alarcón y con 7 años se fue a vivir al distrito madrileño de San Blas, compartiendo con sus diez hermanos la dureza de unos años duros («pero no puedo quejarme: no nos faltó nunca de nada»). Con 12 años, la familia se trasladó a Alemania, cerca de Colonia, donde residió tres años. Por azares de la vida, devino en un pionero de la informática («cuando las tarjetas perforadas con unos y ceros»), en periodista y en fotógrafo. Es a la vez abuelo de una parejita y padre de un adolescente de 11 años que acaba de comenzar la ESO.
Una entrevista de Juan Torres
Hablamos en el sosiego del Centro Social El Vivero, como dos jubilados más, pero sin serlo del todo. Ahí nos conocimos, así que ni tan mal.
—¿Cuándo comenzó tu relación con la escritura?
Empecé muy joven. Con apenas nueve años ya escribía cuentos y poemas. Recuerdo que en la revista del barrio publicaban mis textos con frecuencia. También tuve un profesor, Fran, que me animó mucho: me decía que siguiera adelante.
—¿Y de ahí surgió tu primera novela?
Bueno, mi primera novela la intenté pronto, y tengo por ahí varios proyectos. Pero esta es la primera que he logrado concluir. La escribí en pocos meses… Había estado horas en la biblioteca preparándome para el acceso a la universidad, y ya del tirón me puse a escribir. Llegué a redactar cuarenta o cincuenta páginas y se las mandé a mis amigos Fernando y Miguel Ángel y a algún otro para que me dieran su opinión. Ellos me animaron a seguir. Así nació “El caminante”, un personaje que, con 300 años de vida, debía entregar un legado antes de marcharse a otro mundo.
—¿De dónde salió la ambientación en Alemania?
Fue muy personal. Mi padre, que era del Partido Comunista, me llevaba a algunos de sus viajes desde Colonia: Francia, Rusia… Aquellos recuerdos, los mítines, los viajes, quedaron grabados y terminaron inspirando parte del libro.
—Tu novela mezcla misterio, viajes y reflexión filosófica. ¿Qué la alimentó?
Mucho viene de lo que vi en televisión: Star Trek – La conquista del espacio, El túnel del tiempo, Los Invasores. Después vinieron Expediente X, Matrix y, de forma divertida, The Big Bang Theory. Todas estas series no sólo me divertían: me sembraban preguntas sobre el tiempo, la realidad, el espacio…
—¿Y qué lecturas te marcaron?
Los libros de J. J. Benítez, de Fernando Jiménez del Oso, Enrique de Vicente, las revistas Mundo Desconocido o Más Allá, y Erich von Däniken con Recuerdos del futuro (o Carros de los dioses). Todo eso me abrió la mirada hacia lo escondido, lo enigmático y lo filosófico.
—Mucho cruce de influencias, ¿no?
Sí. Es lo que me fascina: viajes en el tiempo, visitantes de otros mundos, preguntas profundas. A través de Dark, puedo hacer realidad esos sueños de empezar de nuevo, amar sin medida, buscar respuestas que quizás nunca encontraré
—¿Y “El Caminante” como símbolo?
Es un símbolo recurrente en mi vida: caminar, avanzar, cuestionarse. Como ese impulso generador que he tenido siempre.
—¿Qué aportas de tu vida personal y de tu vida profesional y como fotógrafo?
Yo he sido informático toda mi vida. Empecé cuando se perforaban tarjetas y se escribías ceros y unos y luego he seguido y sigo la evolución tecnológica. A la fotografía llegué por afición y de hecho nunca he ganado un duro con ella. Entre unas cosas y otras, nunca dejé de moverme, de seguir creando.
—¿Hacemos espóiler si decimos que este es el primer tomo de una trilogía? Haríamos espóiler si dijéramos cómo va a terminar… Pero podemos decir que será una trilogía, cuyo segundo tomo empezaré en los proximos días y que me da un poco de miedo afrontar…
—¿Y eso?
No va a quedar títere con cabeza. La política, las religiones… Salvando las distancias, no puedo dejar de acordarme de Salman Rusdhie y Los versos satánicos..
—Hablas de despertar a la humanidad como misión de tu personaje. ¿De dónde surge esa idea?
No sabría decirte. La novela nació sin una planificación previa. Son cosas que se me ocurren. La creatividad me acompaña siempre: cocinando, caminando, investigando en internet sobre lugares lejanos…
—La novela es de ciencia ficción, cósmica e interestelar, pero aparece Colmenar Viejo…
(Risas) Aparece porque, de lo contrario, no puedo donar ejemplares a las bibliotecas del pueblo. Así que como me enteré mientras la escribía, metí dos capítulos en los que encaja desde la tauromaquia hasta el Cerro de San Pedro, para que haya de todo.
—Ahora se habla mucho de inteligencia artificial y tú, con tu trayactoria profesional, la conoces bien. ¿Algo que señalar?
Creo que será una revolución. Ya lo está siendo. Está transformando muchos empleos, como los de programadores o informáticos. Pero también está aportando avances enormes, en muchos terrenos y por supuesto en medicina. Hay que pensar que en las vacunas de la covid ya intervino la IA. Hasta Putin y Xi Jing Ping hablan de inmortalidad. (Risas)
—Y esta tarde, la presentación
Será un momento especial. Vendrán muchos amigos, me da la sensación de que más de los que yo pensaba. Firmaré ejempleares, pero no sé si tendré suficientes…
Eso es lo mejor que le puede pasar a un escritor: quedarse sin libros. Y brindamos por el éxito: Diego, con una manzanilla que ya se ha quedado fría. Un servidor, más atrevido, con café.










