El experto se muestra «abrumado por la destrucción del patrimonio histórico del casco antiguo de la localidad, ya de por sí sumamente deteriorado».
Redacción.- El arqueólogo colmenareño Fernando Colmenarejo García ha tomado posición en la polémica en torno al futuro del colegio Isabel la Católica, cuya demolición estudia el Ayuntamiento de Colmenar Viejo para levantar en su lugar un aparcamiento y un centro de mayores «de última generación».
La iniciativa ha sido objeto de denuncia ante la Fiscalía por Ganemos Colmenar y la Asociación de Vecinos por Colmenar, que cuestionan la legalidad y la conveniencia de la operación.
Pieza clave
En un escrito dirigido a Colmenar al Día, a raíz de la noticia publicada por este periódico sobre la polémica surgida entre las fuerzas políticas y sociales, Colmenarejo recuerda que el colegio fue proyectado en 1935 por el arquitecto aragonés Casimiro Lanaja Bel y terminado en marzo de 1940, en plena posguerra, con una estructura sólida de granito que lo convirtió en pieza clave del sistema educativo local durante décadas.
Su emplazamiento, junto a la iglesia parroquial, y su singularidad arquitectónica hacen que, en su opinión, deba considerarse «parte esencial del patrimonio histórico de la localidad».
El arqueólogo señala además que la Ley 3/2013 de Patrimonio Cultural de la Comunidad de Madrid protege expresamente a los inmuebles singulares construidos con anterioridad a 1950, una disposición que, asegura, alcanza de lleno al Isabel la Católica. “La crispación por la demolición del colegio viene, en mi opinión, por el hecho de contravenir esta norma”, afirma.
Abrumado por la destrucción
Aunque valora positivamente la creación de un centro de mayores, Colmenarejo rechaza que se haga a costa de la desaparición del colegio. “Espero que el proyecto, tan necesario para las personas mayores, se construya en un espacio adecuado, sin necesidad de demoler este colegio histórico”, sostiene, al tiempo que se muestra «abrumado por la destrucción del patrimonio histórico del casco antiguo de la localidad, ya de por sí sumamente deteriorado».
El arqueólogo, que publicará en octubre un estudio sobre la historia educativa del municipio, lanza además un mensaje político y social: reclama más diálogo entre gobierno municipal, oposición y asociaciones vecinales. “No debemos seguir erosionando la palabra, un mal endémico que limita el razonamiento para alcanzar consensos y construir políticas efectivas y respetuosas con el legado patrimonial”, concluye.










