Lukkalia es el proyecto familiar de Sara y Javier, un matrimonio de Colmenar que ha creado una empresa de juegos educativos inclusivos. Su objetivo: recuperar los valores, la imaginación y el tiempo compartido entre padres e hijos a través del juego.
Robertti Gamarra.- Lukkalia nació en Colmenar Viejo como un sueño compartido por Sara Laura López Marín y Francisco Javier Floro Peinado, una pareja decidida a ofrecer un nuevo modelo de juegos educativos familiares basados en valores, inclusión y aprendizaje. De su propia experiencia como padres de tres hijos pequeños surgió la idea de crear una empresa que fomente el juego compartido y los vínculos en casa. “Queremos cambiar la forma en que las familias juegan y aprenden juntas”, aseguran.
El proyecto, que combina creatividad, educación y compromiso familiar, se define como un espacio de entretenimiento con propósito, donde los productos no solo divierten, sino que transmiten valores y enseñanzas.
Más que una marca, Lukkalia es la apuesta de dos padres por rescatar la esencia del tiempo en familia.
Un sueño nacido en casa
Todo empezó entre pañales, noches sin dormir y una certeza: querían emprender juntos. “Desde que nos conocimos teníamos el sueño de montar una empresa propia. No sabíamos el qué, pero sí que teníamos esa idea en la cabeza”, recuerda Sara.
El nacimiento de sus tres hijos fue el detonante. “Con los años fuimos madurando la idea, y una vez tuvimos a los niños fue cuando empezamos a darle forma”, añade. Para Javier, Lukkalia es “una empresa que provee de entretenimiento familiar”, mientras que para Sara es “un instrumento de ayuda a las familias para fomentar los valores y disfrutar juntos del tiempo en casa”.
Los fundadores no solo diseñan los productos: los testean con sus propios hijos, que actúan como jueces implacables de cada historia o juego. “A la hora de crear el cuento, les preguntamos qué les parece, cómo reaccionan. Su feedback es fundamental”, cuenta Sara.
Juegos inclusivos con valores
Uno de los pilares de la empresa son los juegos inclusivos, diseñados para que todos los niños puedan participar. “Hemos leído mucho sobre las dificultades de aprendizaje. Queremos que los productos sirvan tanto para ellos como para jugar con sus hermanos o amigos”, explica Sara.
Su objetivo no es solo entretener, sino educar a través del juego. “Queremos que los niños piensen, que desarrollen su imaginación, que aprendan valores fraternales y familiares”, resume Javier. Para ellos, la educación comienza en casa: “Nadie se va a preocupar más por la educación de nuestros hijos que nosotros mismos”, afirma con convicción.
Además, apuestan por la interacción y el movimiento frente al ocio pasivo. “Nuestros juegos no son de tablero ni de tirar dados. Son de recorrer la casa, buscar pistas, resolver enigmas. Queremos que los niños aprendan jugando y moviéndose”, añade Javier.
El reto de emprender en familia
Emprender no ha sido fácil. “Lanzar un negocio es complicadísimo”, admite Javier. “Todos son trabas: la burocracia, la contabilidad, los modelos de IVA… todo. Y hacerlo con tres niños pequeños es aún más duro”.
Sara añade: “Nos hemos lanzado sin conocer nada y hemos aprendido por ensayo y error. Hay que conocer las herramientas, los procesos, todo. Pero lo importante es no rendirse”.
Ambos dejaron sus empleos anteriores —Sara en recursos humanos, Javier en atención al cliente— para volcarse en su sueño. Incluso capitalizaron el paro para financiar la empresa. “Pensamos que podríamos vender productos genéricos en marketplaces, pero fue un error. Perdimos mucho tiempo. Aun así, aprendimos y ahora sabemos hacia dónde ir”, reconocen.
Pese a las dificultades, el proyecto ha seguido creciendo. Ya cuentan con un cuento publicado, un juego inclusivo en fase de prototipo y un escape room familiar a punto de ver la luz.
Un futuro de aprendizaje y unión
Mirando al futuro, Sara y Javier lo tienen claro: “Nos encantaría que Lukkalia fuera un referente para un nuevo modelo de juegos familiares. No queremos crear por crear, sino aportar algo útil”, afirma ella.
Su meta es seguir desarrollando productos que fortalezcan los lazos familiares. “Cuando una familia crece unida, crece feliz”, dice Javier. “Y no hay mejor manera de transmitir valores a los hijos que jugando”.
Desde su base en Colmenar Viejo, Lukkalia trabaja para llegar a toda España a través de su tienda online, sin perder de vista el espíritu que los impulsa: construir momentos que duren más que cualquier pantalla.










