La presidenta de la Junta Local de la AECC relata cómo nació el voluntariado en el municipio, su trabajo diario y las resistencias que aún persisten
JT.- La escena se repite cada martes, entre las 11:30 y las 13:00, en el Centro Cultural Pablo Ruiz Picasso. Allí, en un aula discreta de la primera planta, la Junta Local de la Asociación Española Contra el Cáncer recibe a quien necesite información, apoyo o simplemente un lugar donde hablar. Esa pequeña oficina, atendida por voluntarias, es el corazón de un trabajo silencioso que comenzó hace apenas siete años, cuando Marisa González, hoy presidenta, decidió transformar su experiencia como paciente en ayuda para otros.
“Me sentí afortunada”, recuerda. A ella la enfermedad le encontró acompañada: familia, estabilidad laboral y una red que no siempre tienen quienes comparten sala de quimioterapia. “Veía casos muy duros: personas solas, mujeres que perdían su empleo, familias desbordadas… y pensé: tengo que poder ayudar a alguien”. Tras superar un cáncer de mama, hizo un curso de voluntariado y dio el paso que faltaba en Colmenar: constituir una Junta Local.
La estructura es sencilla. Junto a Marisa trabajan Pilar Sánchez, Marisa de Francisco, Carmen Perea y Lucía Aragón. Entre las cinco atienden la mesa informativa semanal, organizan las campañas de prevención y mantienen el vínculo con la población.
“Nuestro cometido como voluntarias es limitado, claro; por eso la AECC tiene profesionales asalariados —psicólogos, trabajadores sociales, personal administrativo— que cubren lo que nosotras no podemos”.
Una red de apoyo que aún cuesta activar
La oficina colmenareña no está sola, pero sí algo más aislada que otras juntas del entorno. Tres Cantos, por ejemplo, cuenta con un movimiento muy consolidado. “Es una Junta potentísima, con un tejido empresarial volcado y una red de voluntarias enorme”, explica González. “Nosotras seguimos sin terminar de llegar a ciertos ámbitos. En Colmenar cuesta más”.
Esa dificultad tiene raíces culturales. Marisa lo expresa con franqueza: “Aquí sigue habiendo quien da un respingo cuando oye la palabra ‘cáncer’. Algunos incluso se alejan cuando se acercan a nuestras mesas informativas, como si fuéramos a contagiar algo”. A su juicio, persiste un modo de vivir la enfermedad marcado por el silencio y la discreción: “Hay gente que la supera y después no quiere saber nada, ni que se les asocie con ello. Es una huella muy profunda, todavía muy de pueblo”.
Pese a ello, la Junta Local mantiene buena relación con el Ayuntamiento, que facilita espacio, apoyo logístico en las campañas y presencia institucional en actos como el Día Mundial Contra el Cáncer o el Día del Cáncer de Mama. También colaboran centros educativos como el EFA Valdemilanos, cuyos alumnos de enfermería y laboratorio participan cada año en la preparación de las mesas informativas.
Donde la ayuda es tangible
Más allá del trabajo local, la AECC ofrece servicios que muchos vecinos desconocen: acompañamiento psicológico, ayudas sociales y —uno de los más valorados— la Residencia Oncológica de Madrid, donde se alojan pacientes de otras ciudades que deben recibir tratamiento en la capital. “Imagínate lo que significa para alguien sin recursos venir desde Ceuta o desde un pueblo lejano, sin conocer a nadie. Una habitación, un baño propio, una cocina compartida… es un alivio enorme”.
Las campañas de prevención siguen siendo otro pilar del voluntariado. Marisa destaca especialmente la importancia del cribado de sangre oculta en heces, que permite detectar a tiempo el cáncer de colon. “Es sencillo, gratuito y salva vidas”.
“Con ayudar a una persona ya merece la pena”
El voluntariado no está exento de cansancio. “Claro que hay días en los que piensas qué difícil es esto”, admite. Pero también están las recompensas: “Si solo una persona ha encontrado apoyo gracias a nosotras, el esfuerzo compensa”.
La Junta Local quiere crecer, llegar más lejos y tejer una red más fuerte en el municipio. Falta apoyo empresarial, visibilidad y, quizás, que el pueblo supere el viejo tabú que aún rodea a la enfermedad. “Pero seguiremos insistiendo”, afirma González. “Porque no hay nada más necesario que acompañar a quien atraviesa el miedo”.










