La idea de las primeras Paralimpiadas Infantiles de Colmenar Viejo ha nacido de la mano de estudiantes de Integración Social y promovida por ASPRODICO. Lo que empezó como un proyecto académico ahora es una iniciativa real para que los menores con discapacidad tengan un espacio seguro donde mostrar sus habilidades y disfrutar del deporte en igualdad
Alea Palacino. – Hablamos con Verónica Caballero, estudiante de Integración Social, madre de un niño con TEA y una de las impulsoras del proyecto que llegó a ASPRODICO como respuesta a una necesidad que muchas familias comparten: contar con espacios seguros donde sus hijos puedan participar en actividades adaptadas y acompañadas. Su experiencia personal y su formación le permitieron detectar esa falta de alternativas y transformarla en una propuesta concreta.
Una comunidad que acompaña y crea oportunidades
La asociación ASPRODICO lleva décadas siendo un espacio de orientación, apoyo y participación para personas con discapacidad intelectual y sus familias. Además de talleres, formación y actividades de ocio, la entidad funciona como una comunidad donde las familias encuentran escucha y recursos adaptados a sus necesidades.
En ese contexto surgió el proyecto de Verónica Caballero, que conocía de primera mano la importancia de un entorno seguro y comprensivo. Su iniciativa de actividades deportivas inclusivas encajó de forma natural en la filosofía de la asociación, centrada en crear oportunidades reales para que los niños desarrollen su autonomía y encuentren un lugar donde sentirse entendidos.
Las primeras Paralimpiadas Infantiles: un paso histórico
De ese trabajo colaborativo surgió la pregunta: ¿por qué esos niños no podían mostrar lo que aprendían, igual que ocurre en cualquier escuela? La respuesta fue inmediata, crear un día de exhibición y competición adaptada, en un entorno seguro y sin presiones. Así nacieron las primeras Paralimpiadas Infantiles, fijadas para el primer sábado de junio.
El proyecto está dirigido a menores de entre 4 y 14 años con un reconocimiento de discapacidad igual o superior al 33 %. Aunque cualquier niño puede participar en las actividades de judo, karate, ajedrez, rítmica, patinaje, capoeira… que se realizan cada semana en el centro, la clasificación en las pruebas requerirá ese certificado para establecer criterios claros. El objetivo no es la competición en sí, sino la visibilidad y el orgullo familiar. “Había que darles un espacio digno donde enseñar a sus padres lo que son capaces hacer”, explica.
Escuelas deportivas colaboradoras
El evento contará con una importante red de voluntariado —casi un acompañante por niño— y con la implicación de las escuelas deportivas colaboradoras. En concreto, la escuela del Club de Ajedrez colmenareño, ha empezado ya a hacer efectiva la colaboración, como ha confirmado a este periódico su director, Paul García.
Además, se invitará a clubes y entidades externas para que sumen a sus propios alumnos con discapacidad en esta jornada. Verónica subraya que el Ayuntamiento de Colmenar Viejo, “ha recibido la idea fenomenal y apoya con todo lo necesario”.










