Veinticinco años después del estreno del Auto de los Reyes Magos en la Basílica de la Asunción, el director de cine Víctor Matellano repasa cómo una adaptación nacida en Colmenar Viejo pasó de “proyecto local” a seña de identidad: 57 funciones, más de 30.000 espectadores y una memoria afectiva que sigue viva.
Juan Torres.- Acceder a Víctor Matellano es una de las cosas más fáciles del mundo: está siempre a golpe de wasap como quien espera detrás de la puerta a que suene el timbre. De manera que cuando leí la carta abierta que él y Jack Taylor publicaron hace algunos días con motivo de la efeméride, le pedí que habláramos un rato sobre el tema. Dicho y hecho: este es el resultado.
¿Por qué se os ocurrió a Jack y a ti la idea? ¿Por qué en Colmenar? ¿Qué apoyos recibisteis?
Soy un enamorado de la figura de los Magos de Oriente, he participado a todos los niveles, en 39 cabalgatas de Reyes, dirigido audiovisual y teatro sobre el mundo de los Magos, escrito sobre el tema, etc, y rodando con Jack Taylor en Colmenar Viejo a mediados de los años noventa, me contó su idea de poner en pie el texto [Auto de los Reyes Magos], que conoció en México de la mano de Julio Alejandro, el guionista de Buñuel, y que la actual Basílica podría ser el lugar. Hicimos nuestra propia adaptación y versión, y tardamos varios años en conseguir levantarlo. Fue decisiva la intervención del entonces párroco, Antonio García Rubio, y sobre todo del presidente de la Asociación El Pico San Pedro, Mariano de Andrés, quienes convencieron al consistorio para que lo financiase principalmente, junto a otras entidades que pusieron algo del presupuesto.
¿Qué recuerdas de la primera representación del Auto? ¿Cuánta gente había? ¿Cómo reaccionó? ¿Cómo reaccionasteis vosotros?
Fue un poco milagro. Ya entonces éramos muchos participantes, entre profesionales y voluntarios, y fue un auténtico éxito. Me acuerdo mucho de los actores principales de aquella primera edición, Claudia Gravi, Alito Rodgers, Saturnino García, y sobre todo recuerdo con emoción a los que ya no están con nosotros, Francisco Maestre, Manuel Pereiro, José Lifante y María Berganza. Después vinieron otros once años más de representaciones, con cinco funciones en la Navidad, más la salida al Festival de Teatro Clásico de Cáceres. Y el espectáculo fue ampliándose y renovándose los repartos con otros nombres de compañeros ilustres.
El Auto es un texto fundacional del castellano y, además, anónimo. Como director, y sobre todo hombre de cine y de teatro, ¿qué te interesaba más: servir al texto con fidelidad o dialogar con él desde el presente? ¿Dónde está hoy su modernidad?
Además del texto original, siendo inconcluso, nosotros incorporamos otros del ciclo navideño, como son la adoración de los pastores, la Sibila o la propia adoración de los Magos, junto a la parte musical. Los Magos significan universalidad, visión de progreso, generosidad, reconocimiento de los valores del otro, ilusión por la creatividad, precisamente de lo que estamos ahora más necesitados.
Dirigisteis en la Basílica de la Asunción: ¿qué le aportó ese espacio al espectáculo (acústica, solemnidad, emoción) y qué exigió a nivel de puesta en escena?
Todo. El espectáculo estaba adaptado a la Basílica de la Asunción de Nuestra Señora, a su crucero, a sus naves, a su coro, y sobre todo a su retablo. Tanto es, que cuando la representación salió al Festival de Teatro Clásico de Cáceres, llevamos en la escenografía una reproducción del cuadro de la Adoración de los Magos del retablo de la Basílica.
El proyecto creció hasta convertirse en un fenómeno colectivo: ¿cuál fue el secreto para sumar instituciones, profesionales y voluntariado sin perder calidad ni rigor artístico?
Siempre en esto tiene que haber más de «sudoración» que de «inspiración», y ese fue el secreto. Quiero decir: que trabajamos mucho. Y por el apoyo de las entidades y asociaciones participantes, entre las que estaba El Duende Animación, la generosidad de los voluntarios y de los profesionales, quienes teniendo el nivel que tenían, rebajaron su caché y se entregaron, igual que las empresas de servicios, iluminación, sonido, el atrezzo histórico de Mateos o el vestuario de Cornejo que venía de «Rey de Reyes» o «Campanadas a medianoche», quienes, por amistad, ajustaron sus precios.
En vuestra carta afirmáis que la última función (4 de enero de 2013) fue la mejor. ¿Qué tuvo esa noche —en lo artístico y en lo humano— para que la recuerdes así?
Hay veces que los astros se alinean y todo se afina. Los tonos interpretativos de actores y músicos, los movimientos, la ambientación, todo fue perfecto. Y eso que solía estar todo muy bien siempre. Quizás fue un regalo de despedida que se nos hizo.
Veinticinco años después del estreno, ¿qué te gustaría que quedara como legado: una forma de hacer teatro, una memoria comunitaria, una referencia cultural? Y si hubiera que retomarlo algún día, ¿qué debería conservarse sí o sí y qué podría reinventarse?
Supongo que lo interesante sería volver a preguntar a cualquiera de los más de treinta mil espectadores que lo vieron entonces. Creo que tendrán un buen recuerdo de aquello. Y gracias al Auto de los Reyes Magos muchos visitaron por vez primera Colmenar Viejo. Ahora se llamaría una «experience», ya que era una representación envolvente, que apelaba a los sentidos, desde un enfoque artístico, cultural, espiritual y solidario, donde se donaba toda la recaudación. Ahí está, y creo que es un referente vivo aún.










