Este 11 de febrero se conmemora el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, una iniciativa impulsada por la ONU que cumple diez años desde su primera celebración, y se ha consolidado como una fecha relevante en el calendario social.
Redacción.– En España, la fecha vuelve a llegar acompañada de una agenda intensa y extensa: numerosos municipios, universidades, centros educativos y organismos científicos han programado actividades a lo largo de todo el país.
El ejemplo más destacado es el CSIC, la institución científica más prestigiosa de España, que celebra este año más de 200 actos en todo el territorio nacional. No es un dato menor: el CSIC está presidido actualmente por una mujer y ha convertido el 11F en una cita de alcance estatal, con vocación divulgativa pero también institucional.
Mirar fuera
En Colmenar Viejo, sin embargo, la jornada pasa sin una conmemoración pública de entidad que sitúe el debate en el centro del espacio local. Quienes quieran participar en actos con visibilidad, proyección o ambición real deberán, en la práctica, salir fuera del municipio y acudir a iniciativas organizadas por instituciones supramunicipales o en municipios vecinos.
La comparación no es tanto cuantitativa como cualitativa: frente a un despliegue amplio en el conjunto del país, la respuesta local queda diluida en alguna acción discreta y de bajo impacto (este periódico no ha conseguido detectar ninguna, pero cabe pensar que algo se hará en algunos de los institutos), sin apenas espacio para la reflexión pública sobre la situación real de las mujeres en la ciencia.
Diez años después, los mismos límites
Durante esta década, el 11F se ha consolidado como una fecha de alta carga simbólica, pero con resultados desiguales. Se insiste, casi en exclusiva, en despertar vocaciones tempranas entre niñas en las conocidas disciplinas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) , mientras siguen sin abordarse con la misma claridad los problemas estructurales: precariedad en la carrera investigadora, abandono femenino en las etapas intermedias, brecha en puestos de liderazgo o sesgos persistentes en la financiación y el reconocimiento científico.
El riesgo es evidente: convertir una jornada nacida para cuestionar desigualdades en una rutina institucional cómoda, correcta en las formas pero limitada en el fondo.
En el caso de Colmenar, ni eso.
Referentes que sí existen
Con todo, conviene subrayar que Colmenar Viejo, institucionalmente tan despreocupada de la fecha, cuenta con una plantilla de científicas e investigadoras de alto nivel, que podrían haber servido como referentes cercanos y modelos reales para niñas y adolescentes del municipio que todavía miran con recelo las disciplinas «de ciencias» . Figuras como Cristina Escarmís, investigadora emérita y pionera en la secuenciación de ADN en España; Evangelina Nogales de la Morena, referente internacional en biología estructural e Hija Predilecta de la localidad, o Laura Gómez Lázaro, doctora en Farmacia e investigadora de tumores cerebrales, entre otras, demuestran que el talento científico femenino no es algo abstracto ni lejano, sino presente, próximo y perfectamente identificable.
Que estos perfiles no formen parte central del relato local en una fecha como esta no es una anécdota, sino una oportunidad perdida para conectar vocaciones con realidades cercanas.
Más allá de la efeméride
Diez años después de su puesta en marcha, el Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia sigue planteando la misma pregunta: si sirve para transformar o solo para visibilizar durante un día. Mientras no se afronte esa cuestión, muchas colmenareñas seguirán teniendo que salir fuera para encontrar lo que, paradójicamente, ya existe dentro.










