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Celin Beauty Glow o cómo emprender en Colmenar contra viento y burocracia

Celina Melendres en su centro de Estética y Bienestar de Colmenar Viejo

En la calle Capitán Gómez Pinto, en pleno centro de Colmenar Viejo y a pocos metros del Ayuntamiento, funciona desde el pasado verano Celin Beauty Glow, un centro de estética y bienestar impulsado por Celina Melendres, emprendedora peruana afincada en España desde hace 25 años.

Redacción.– El negocio acaba de cumplir sus primeros meses de vida. Detrás no hay una franquicia ni una inversión externa, sino una historia personal marcada por la formación constante, la experiencia acumulada y una determinación poco común frente a las dificultades administrativas.

Belleza, sí; pero desde el equilibrio

Celin Beauty Glow se presenta como centro de estética, peluquería y bienestar. Ofrece tratamientos faciales y corporales, masajes terapéuticos y descontracturantes, drenaje linfático, manicura, pedicura y servicios de corte y tinte.

Sin embargo, Celina insiste en un matiz que considera diferencial: su enfoque parte del sistema nervioso y de la necesidad de reducir el estrés con el que muchas personas cruzan la puerta del local.

Formada en terapias manuales —con un máster cursado en España— y con experiencia previa en centros de estética y en el entorno deportivo del polideportivo Lorenzo Rico, Meléndez defiende que un masaje o una limpieza facial no son únicamente un procedimiento técnico. “Hay que observar cómo entra la persona, cómo se mueve, cómo habla. La experiencia te da muchas pistas”, explica.

No habla de dones ni de fórmulas mágicas. Habla de práctica: más de 500 personas tratadas y una cartera de clientes que la ha seguido desde Tres Cantos, Miraflores, Hoyo de Manzanares, Madrid y, por supuesto, Colmenar, donde vive con su marido y sus hijas desde hace años.

El precio de abrir una persiana

La parte menos visible de esta historia no está en la cabina de tratamientos, sino en los despachos y en los presupuestos.

Tras trabajar como autónoma colaboradora en otros centros, Celina decidió dar el paso y alquilar su propio local. Lo que parecía un trámite se convirtió en un recorrido lleno de obstáculos: reformas obligatorias para adaptar paredes, exigencias técnicas sobre ventilación, plazos ajustados y la amenaza real de sanción o cierre si no cumplía con los requisitos en apenas quince días.

La instalación de un sistema de ventilación homologado por la Comunidad de Madrid supuso una inversión adicional de varios miles de euros cuando el negocio apenas arrancaba. “Fue el momento más duro. Pensé en dejarlo”, reconoce. El apoyo familiar resultó decisivo para continuar.

Hoy el centro funciona con todos los permisos en regla. Y la experiencia, asegura, la ha reforzado.

Un modelo sostenible en cifras

Meléndez habla con realismo de números. Habla de la facturación mínima que necesita para sostener el negocio y del número de clientes que necesita al mes, combinando tratamientos sueltos y bonos recurrentes. Tiene los números bien echados.

Sus precios son asequibles y se sitúan en la franja media del mercado local porque entiende que lo que ofrece es un lujo y no todas las personas se lo pueden permitir, pero lejos de posicionarse como low cost, Celin Beauty Glow apuesta por una experiencia cuidada —aceites, ambiente, aparatología y productos profesionales— manteniendo tarifas competitivas para consolidar clientela antes de plantear un salto de precio.

“Prefiero quince personas satisfechas que repitan a tres tratamientos caros que no vuelvan”, resume.

Un oasis discreto

Recientemente, Susana Jiménez, tercera teniente de alcalde y concejal de Economía, Desarrollo Empresarial y Empleo, visitó el centro tras una invitación de la propia emprendedora y lo describió como “un oasis” en el corazón del municipio. La definición encaja con el objetivo de Celina: ofrecer un espacio de desconexión en una etapa en la que el estrés y la incertidumbre económica forman parte del día a día.

Celin Beauty Glow es, en definitiva, una de esas microempresas que sostienen el tejido local: pequeña en estructura, intensa en dedicación y nacida contra pronóstico.

Apenas diez meses después de levantar la persiana, Celina Meléndez no habla de éxito, sino de resistencia. Y, sobre todo, de continuidad. En un municipio en crecimiento, historias como la suya recuerdan que emprender sigue siendo una cuestión de carácter.

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