Hace unos días (este periódico aún no existía) se representó en el Auditorio Municipal la obra de Henrik Ibsen Casa de muñecas en una adaptación de Eduardo Galán, dirigida por Lautaro Perotti y protagonizada por María León en el papel de Nora Helmer. La obra, que forma parte de la Red de Teatros de la Comunidad de Madrid es un completo despropósito, que debió hacer remover en su tumba al Nobel noruego.
JT.- Casa de Muñecas es, junto a Un enemigo del pueblo, la gran obra maestra de Ibsen, una pieza esencial del teatro realista del XIX y uno de sus alegatos más firmes contra la decadente burguesía de su tiempo. Casa de Muñecas, además, se sitúa entre una de las piezas precursoras de los movimientos en pro de la emancipación de la mujer y del feminismo contemporáneo.
Burda simplificación
Sin embargo, lo que el público colmenareño presenció aquella noche distó mucho de la fuerza crítica y la complejidad psicológica del texto original. La adaptación de Eduardo Galán opta por una simplificación burda de los conflictos, eliminando toda sutileza en favor de una lectura panfletaria que reduce la figura de Nora a una caricatura de heroína moderna. Galán debió pensar que con transformar las coronas en euros y llenar de tacos el texto, lo demás se apañaba de aquella manera.
La dirección de Perotti tampoco ayuda: los silencios dramáticos, las pausas que deberían cargarse de tensión, se convierten en meros vacíos; y el ritmo, lejos de acompañar el despliegue emocional del texto, cae en una monotonía desconcertante. El resultado es una puesta en escena deslavazada, incapaz de mantener el pulso interno de la obra.
María León, que ha demostrado talento y presencia en otros registros, hace lo que puede, pero no consigue dotar de hondura a su personaje. Su Nora carece de evolución, de conflicto interior, de verdad. El gesto sobreactuado y la impostación vocal debilitan aún más una interpretación que, en lugar de conmover, irrita por lo superficial.
Es una pena que una obra que debería hacer temblar los cimientos del escenario acabe convertida en un ejercicio inofensivo, cuando no grotesco. La Red de Teatros de la Comunidad de Madrid haría bien en revisar sus criterios de programación, si no quiere que el prestigio que ha ido labrando en los últimos años se vea empañado por montajes como este.
La ideología siempre
Como detalle significativo, al pase colmenareño asistieron los principales líderes de la izquierda local, mientras que ningún representante de los partidos de derecha acudió a la función, y prefirió marcharse a la Feria de Abril de cartón piedra que se había montado en la explanada de la plaza de toros.
Así que la representación, más allá de su mediocre resultado artístico, se convirtió además en una suerte de acto ideológico, tan previsible como desprovisto de tensión dramática.










