Colmenar Viejo, 19 de mayo 2025 – JUAN TORRES
En tiempos de polarización, no es habitual que una empresa se muestre dispuesta a hablar. Prezero lo está haciendo ahora. Pero no lo hizo antes. Ni durante los más de cuatro años que lleva madurando el proyecto de la planta de biogás de Colmenar Viejo, ni mientras tramitaba los permisos con las administraciones. En todo ese tiempo, no buscó explicar su propuesta a los vecinos ni anticiparse al malestar que hoy recorre el municipio. El resultado es el que cabía esperar: la desinformación, el miedo y el uso partidista del conflicto han ocupado un espacio que, en parte, han dejado vacío los impulsores del proyecto.
Ahora, en medio del vendaval, Prezero decide hablar (no así su socio en el proyecto, Enagás Renovables, que ni está ni se le espera). Y no lo hace con evasivas. Sergio Cabellos, uno de sus directivos más emblemáticos, respondió, en la entrevista que nos concedió en exclusiva y que publicamos el sábado pasado, con datos, con argumentos técnicos y con una actitud dialogante que contrasta con el silencio de estos años. Pero esa voluntad de diálogo llega tarde, cuando el proyecto ya ha sido arrastrado al terreno de la crispación política y ha generado una fuerte contestación social.
Tarde, pero con intención de rectificar
El propio Cabellos lo reconoció en la entrevista: “No venimos a imponer nada. Venimos a trabajar con y para el entorno”. Afirmó también que muchas críticas se basan en una visión demonizada del biogás y en la falta de información. Pero lo cierto es que durante demasiado tiempo esa información no se ofreció. La empresa -las dos empresas- parece haber confiado en que la tramitación institucional bastaría. Y no bastó.
La autocrítica está presente, aunque de forma blanda. Cabellos admite que deben mejorar su presencia en el territorio y explicarse mejor. También se muestra abierto a estudiar propuestas técnicas que puedan mejorar el proyecto o reducir su impacto. Ese cambio de actitud es positivo. Pero no puede ocultar que la empresa dejó pasar un tiempo precioso para generar confianza en la población. Hoy, muchos vecinos perciben la planta como una amenaza. Y no tanto por lo que es, sino por cómo se ha comunicado.
Mientras tanto, algunos actores políticos han convertido la planta en un campo de batalla electoral. Cabellos lo lamenta: “Como no dejemos la política al lado de las grandes decisiones que tenemos que tomar para cumplir los objetivos europeos en la gestión de residuos, dejar de usar los vertederos no lo conseguiremos ni en el 2035 ni en el 2050”. Tiene razón, pero quizá debería preguntarse por qué Prezero permitió que el conflicto adquiriera un tinte político. ¿No habría sido más prudente empezar por pedir la palabra antes de pedir permisos?
Una conversación aún pendiente
La cuestión de fondo sigue vigente: ¿qué hacemos con los residuos? ¿Seguimos enterrándolos, los exportamos, o apostamos por tecnologías que reduzcan su impacto ambiental? El debate es necesario. Pero debe darse con transparencia, rigor técnico y participación social. Y ese espacio de diálogo no puede abrirse de verdad si las empresas no se presentan desde el primer momento a explicar lo que hacen, lo que proponen y lo que arriesgan.
Prezero ha decidido ahora dar ese paso. Es una buena noticia. Pero también una lección: en proyectos de alto impacto social, el silencio no es una opción. Y quien lo practica debería, al menos, reconocerlo y pedir disculpas.
Este diario se ofrece a facilitar ese debate, y se ofrece, como decía Unamuno, a los hunos y a los hotros. Pero no aceptará que se construya sin memoria ni responsabilidad.










