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El nuevo párroco de San José cambia el modelo de ayuda a los más vulnerables siguiendo las indicaciones del Obispado

Foto: abastecimiento de Cáritas en Parroquia San José

«Cada momento tiene sus exigencias», dice el párroco Andrés Pérez, «pero lo innegociable es seguir ayudando a las personas»

JT.- La parroquia de San José es una de las tres con las que cuenta Colmenar Viejo y la única que ha mantenido durante años -desde la gran crisis de 2008- un comedor social para atender las necesidades de los más vulnerables.

Tras la marcha del párroco Antonio del Amo a Miraflores, tras 18 años de actividad en la parroquia colmenareña, en octubre del pasado año llegó su sustituto, el venezolano Andrés Pérez, que vino a completar su doctorado en Teología Pastoral y se ha visto enganchado a un reto con el que no contaba.

Reorganización

«He llegado en un momento de gran transformación en el Arzobispado de Madrid-Alcalá -ha declarado a este periódico el nuevo párroco-. El cardenal Cobo ha acometido una transformación amplia del tejido asociativo, lo que ha llevado a un reajuste del modelo organizativo que había en la parroquia».

Y añade: «Ha habido que hacer algunos ajustes dolorosos, como el despido de las tres asistentes sociales con las que contábamos y ha habido que cerrar la asociación civil que había en el parroquia. Es verdad que ha coincidido con mi llegada, pero yo no he sido más que el brazo ejecutor de una reorganización ordenada desde arriba».

La cuestión del comedor social es otro asunto que se entremezcla con lo anterior. El medio centenar de comidas que se servían diariamente en un local adjunto a la parroquia se ha sustituido por un método más eficiente: las familias reciben cada lunes las bolsas con los productos apropiados -legumbres, leches, conservas, arroz- y ellas se las preparan en sus casas.

Voluntarios

«Es mejor para todos -explica el sacerdote-: cada familia cocina las cosas a su manera y el sistema de recogida y entrega es más fácil». Pero el problema de fondo es que la cocina en que se preparaban las comidas estaba en muy malas condiciones y una reforma completa era inasumible.

Una voluntaria de la parroquia, a la que lleva vinculada 18 años, completa la información: «Esta parroquia tiene un gran tejido de voluntarios, y eso la hacía funcionar muy bien antes, con Antonio, y muy bien ahora, con Andrés. Sus métodos son diferentes, pero la eficacia se mantiene».

Andrés Pérez no oculta su preocupación ante los rumores de que la parroquia haya podido desatender desde su llegada a los más vulnerables. «No es verdad -sostiene con vehemencia-. Cada momento tiene sus exigencias y hay que amoldarse a ellas. Pero ayudar a las personas es innegociable»

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