Con solo 33 años, Kiko Moreno creó y dirige la Orquesta Sinfónica Villa de Colmenar Viejo con una mezcla de entusiasmo, rigor y sentido de comunidad poco frecuentes. Trompetista de formación y colmenareño de nacimiento, Moreno, junto a Beatriz Amorós, se ha convertido en el motor de un proyecto que aspira a situar a la música sinfónica en el corazón cultural del municipio.
Juan Torres.- “Yo crecí como músico en la Banda Sinfónica de Colmenar, me formé aquí -y en Madrid, claro, donde cursé la carrera- y sigo viviendo aquí. Para mí, la música es una forma de devolverle algo al pueblo que me lo ha dado todo”, resume. Y en 2020, tomando una caña con Beatriz, directora técnica y compañera en esta aventura -«tienes que conocerla, de verdad, es un fenómeno»-, se lanzó a ello.
Una alternativa profesional y cercana
«Beatriz y yo coincidíamos en que Colmenar Viejo vive un momento de expansión económica y demográfica que debe tener su reflejo cultural y musicológico». Y continúa, porque a Kiko no hay que preguntarle mucho para que continúe: “La Banda Sinfónica cumple pronto cuarenta años y es un tesoro local, pero hacía falta una propuesta orquestal profesional que ofreciera una temporada estable de conciertos sin necesidad de bajar a Madrid”.
Desde su primer Concierto de Año Nuevo, la Sinfónica ha llenado el auditorio en cada actuación. “Eso demuestra que hay público, y que Colmenar tiene hambre de cultura”, dice Moreno. Pero la ambición va más allá del aplauso: el proyecto pretende consolidar una programación regular, abrirse a nuevos públicos y convertirse en una referencia cultural del norte de Madrid, «porque ningún municipio del norte de la Comunidad tiene orquesta sinfónica y es un orgullo para Colmenar levantar esa bandera».
Música y tejido social
Moreno no habla de la orquesta solo como un conjunto de músicos, sino como un proyecto humano. “No queremos que la música se quede en el escenario. Actuamos en la residencia de mayores, hacemos talleres en colegios e institutos, y abrimos los ensayos a quien quiera venir. Nos interesa tanto la calidad artística como el efecto humano de lo que hacemos”.
Esa vocación social se refleja en la idea de tejer redes. “La banda, los coros, la orquesta, todos formamos parte del mismo entramado. No competimos, nos complementamos. Juntos podemos construir una red cultural sólida basada en la música que dé identidad a Colmenar.” Para Moreno, esa red es algo más que una metáfora: es una forma de hacer pueblo.
Entre la música de cámara y el vino
La Sinfónica también explora formatos menos convencionales. “Hacemos las serenatas nocturnas en el Parque de los Héroes, pequeños conciertos de cámara al aire libre, y colaboramos con comercios locales”, cuenta.
Una de las iniciativas más celebradas fue un ciclo de música y vino -en colaboración con la vinoteca Vinum Bibo- en el que cada pieza se maridaba con una uva diferente: “Era precioso ver a la gente disfrutar de una cata mientras escuchaba música en directo. Esa es la idea: que la música sea una experiencia viva y compartida”.
De Colmenar a Kuwait
En noviembre, el pasado día 2, la orquesta ha vivido su experiencia más internacional al debutar en la Ópera de Kuwait, invitada por la Embajada de España. El programa incluía obras de Granados, Albéniz y un estreno mundial de Réquiem a Lorca, del compositor Jesús Martín-Fernández. “Fue una aventura maravillosa”, recuerda Moreno. “El público kuwaití se emocionó al descubrir la fuerza de la música española más allá del flamenco. Les sorprendió reconocer en ella una raíz árabe común.”
Moreno, que compagina la dirección de este proyecto con su nuevo papel de director-asistente en la temporada de ópera de Bilbao, confiesa que aquella experiencia le hizo tomar conciencia de la proyección que puede tener la música hecha desde lo local. “Fue emocionante representar a Colmenar en un escenario internacional. Nos dimos cuenta de que desde aquí también podemos proyectar cultura al mundo.”
La financiación, ese pequeño detalle
El futuro de la Sinfónica Villa de Colmenar Viejo pasa por consolidar su temporada y fortalecer su financiación. “Por ahora dependemos del apoyo municipal, pero necesitamos que las empresas locales se impliquen”, reconoce. “A veces falta cultura de patrocinio, pero hay un enorme potencial: Colmenar es un municipio con recursos, con público y con talento».
De hecho, la mayoría de los músicos que forman parte de la Orquesta son colmenareños -y colmenareñas, naturalmente, porque hay muchas mujeres- y de otros músicos del entorno. «La Banda Municipal es un vivero extraordinario para los instrumenros de viento y la percusión. Para las cuerdas, recurrimos a todo lo que se mueve: amigos, colegas, simpatizantes. Nuestro proyecto despierta entusiasmo».
Kiko Moreno, mientras habla, no pierde la sonrisa ni el empuje. “La música tiene esa capacidad mágica de unir. En un ensayo ves al niño, al jubilado, al músico profesional y al aficionado compartiendo espacio, tiempo y emoción. Esa es la red que queremos tejer. Si lo conseguimos, Colmenar será un lugar más culto, más humano y más feliz.”











