El 2 de mayo, Colmenar Viejo acoge la Fiesta de La Maya con altares florales, música y ofrenda en el casco histórico. Algunas especialistas en género se preguntan si no choca con una visión más moderna del papel de la mujer
Alea Palacino. – El casco histórico de Colmenar Viejo acogerá este 2 de mayo la Fiesta de La Maya con seis altares florales distribuidos por sus calles, música tradicional, cantos populares y la ofrenda en la Basílica, en una celebración que combina identidad local, patrimonio y una creciente reflexión sobre su significado hoy en día.
El pasado que sigue presente
La Fiesta de La Maya tiene su origen en antiguos rituales primaverales europeos vinculados al ciclo de la naturaleza, la fertilidad y el renacer de la vegetación, y aunque hoy forma parte del calendario festivo de Colmenar Viejo, sus raíces se remontan a tradiciones rurales anteriores al cristianismo en las que mayo simbolizaba vida y renovación. Existen referencias de su celebración anteriores a la Guerra Civil, pero la tradición se interrumpió durante décadas por el conflicto y los cambios sociales del mundo rural, desapareciendo casi por completo hasta finales de los años setenta, cuando el Ayuntamiento impulsó su recuperación como parte de lo local.
Desde entonces, la fiesta ha evolucionado de una expresión vecinal limitada a un evento municipal consolidado y reconocido. Su crecimiento culminó con su declaración como Fiesta de Interés Turístico regional en 2005 y, posteriormente, en 2023, su catalogación como Bien de Interés Cultural en la categoría de Hecho Cultural, lo que refuerza su valor patrimonial más allá del ámbito local.
Altares, flores y participación vecinal
La preparación de La Maya comienza semanas antes, cuando las familias recorren el entorno para observar las flores silvestres y planificar los altares. La recogida se realiza el día previo y el montaje en la mañana del 2 de mayo, en un trabajo colectivo que reúne a varias generaciones. Los altares combinan flores silvestres como amapolas, tomillo o margaritas con elementos tradicionales y se distribuyen por distintos puntos del casco histórico.
La jornada del 2 de mayo arrancará a las 12 h en la Plaza del Pueblo con ‘Concierto del 2 de Mayo’ ofrecido por la Banda Sinfónica de Colmenar Viejo, a las 17 h se expondrán las seis Mayas en distintos puntos del casco histórico, y a las 19 h tendrá lugar la ofrenda floral en la Basílica de la Asunción de Nuestra Señora, seguida de la entrega de diplomas en la Plaza del Pueblo.
La figura central es la Maya, una niña que permanece inmóvil vestida con enaguas y un mantón de Manila colocado al revés, convertida en símbolo de la primavera. A su alrededor, otras niñas recorren las calles cantando coplas tradicionales. La jornada se completa con música y actuaciones, además de la ofrenda floral previa a la entrega de diplomas.
Una celebración que también invita a reflexionar
La recuperación de La Maya ha permitido mantener viva la celebración, pero también ha fijado una forma de representarla que hoy genera interpretaciones diversas. Para muchos vecinos sigue siendo una cita clave del calendario, con capacidad para reunir a familias, mantener el vínculo con la historia local e incluso servir como puerta de entrada para quienes llegan de fuera.
Sin embargo, la imagen central de la fiesta no pasa desapercibida. Las niñas, inmóviles y colocadas en el altar como símbolo de la primavera, proyectan una representación muy concreta que, para parte de la sociedad actual, puede resultar rígida e incluso desfasada. Esa estética hierática, más cercana a una figura contemplativa que participativa, choca con una visión más moderna de la infancia y del papel de la mujer. Algunas voces, como la de la especialista en género Paz Blanco, apuntan precisamente a esa distribución de roles como uno de los elementos que invitan a repensar la celebración. No se cuestiona su valor cultural, pero sí la necesidad de revisar cómo se representa y qué mensaje transmite.
En ese contexto, el debate ya no gira solo en torno a conservar o no la fiesta, sino a cómo adaptarla. La Maya se mueve hoy entre el respeto a lo heredado y la posibilidad de evolucionar hacia una celebración más abierta, participativa y acorde a la realidad social actual, sin perder su esencia.









