El pleno de abril ha resultado también plano, como le pasó a algún otro recientemente, pero no plomizo, porque tuvo sus puntos de interés. Sobre todo para los que asistimos a estos eventos como quien va a la ópera: a disfrutar de la escenografía y de las voces, aunque el argumento siga siendo el mismo.
Juan Torres.- El puente de mayo es lo que tiene, que resulta muy goloso. Tanto como para modificar la hora del pleno y colocarla por la mañana cuando tocaba por la tarde, y como para asistir, ellos y ellas, vestidos de trapillo, hasta el punto de que resaltaba, como fuera de punto, la impecable corbata del flamante concejal de Política Social.
A más de la vestimenta y el horario, destacaron de forma relevante algunos procedimientos desacostumbrados. Por ejemplo, hubo preguntas del público. Un tema de urbanismo del que hablaremos pronto: los vecinos explicaron sus problemas, el concejal del ramo y el alcalde demostraron que tenían los deberes hechos, y unos y otros se mostraron amables, respetuosos y con afán de avanzar en el diálogo.
Ni improperios, ni descalificaciones, ni insultos, por parte de nadie: este cronista llegó a pensar que se había equivocado de evento.
La hora de los segundones
El orden del día estaba muy aliviado de asuntos incómodos, no fuera a ser que el puente se torciera y no se pudiera disfrutar de las Mayas como es debido (otra cosa fue luego la climatología), de manera que los grupos echaron mano de temas menores, como la convalidación de facturas extraordinarias poco relevantes, o la revitalización del nuevo colegio concertado por la vía de recursos perdidos de antemano.
Pero tan magro menú vino aderezado por algunas intervenciones oratorias que sirvieron para echar la mañana escuchando voces infrecuentes. Una de ellas, la del concejal de Hacienda (conocido ya por todo el mundo como el Carlos Cuerpo de Colmenar), que intervino de nuevo con solvencia, con sosiego y con una pizca de malicia para recriminar a la izquierda que le vengan a él hablando de política cuando de lo que sabe es de sumar llevando.
Más extraño fue el sorpresivo papel de Lorena Colmenarejo, concejal de Educación, siempre discreta y opaca, y el jueves en cambio lanzada a enarbolar un buen discurso liberal («no maquillen con argumentos jurídicos lo que no es más que política»), quizá con algo de trampa, pero con mucha convicción.
Y hablando de presencias discretas y del colmenareño apellido Colmenarejo, hay que resaltar también el papel de la primera teniente de alcalde que dirigió más de la mitad del pleno con solvencia, con buen rollo y hasta con sentido del humor.
(El alcalde había tenido que irse a recorrer con la presidenta de la Comunidad los cuatro kilómetros que ya se han construido de la nueva M-607. Cuando salió del pleno, circularon rumores, infundados, de que se había ido de puente. No estamos seguros de que se le echara de menos, aunque algún concejal -de la oposición, naturalmente- bromeó sobre la carencia de homilías).
Siempre los clásicos
Con todo, no faltaron los clásicos. Ganemos Colmenar y PSOE se enzarzaron en un debate tenso sobre una cuestión menor y perfectamente prescindible (¡pelean por el mismo espacio electoral!) y fue de ver cómo el socialista Monterrubio arrambló con todo su arsenal de citas e hizo circular de una tacada a Descartes, a Fernando de los Ríos y a Vladimir Illich Lenin, sin olvidar a Giulio Andreotti, Luis García Montero y hasta Serrat. ¡Qué hombre, Monterrubio! En ocasiones, no queda muy claro de lo que habla, pero siempre queda constancia de lo mucho que lee.
Y luego, en las preguntas y las mociones, las mociones y las preguntas, cuya diferencia este cronista nunca distingue bien, circularon por allí algunos otros clásicos, como el mercadillo, y algunas preguntas infrecuentes como los móviles de los niños, el uso del tofu en las comidas escolares (circularon «papás» y «mamás» por el vocabulario de la concejala encargada como nunca se había oído), las campanas de la basílica y temas así.
Hace bien la portavoz socialista, Paloma Maroñas, en llevar siempre bajo el brazo asuntos domésticos muy pegados a la calle, pero en esta ocasión el más importante de todos hubo de lidiarlo, con buen hacer, el concejal voxero de Mayores, Enrique Navarro, enredado en una alternativa angustiosa entre fútbol y bingo, que ha decidido resolver como debe ser en estos casos: los dos.










