Hoy prosigue la crónica de la conversación mantenida con Armando Jusdado y Virgilio Cano -con Paloma Maroñas como sabia anfitriona-, dos protagonistas de la única segregación municipal de la España moderna.
Juan Torres.- Uno de los aspectos más interesantes de la conversación fue la delimitación territorial. Jusdado recordó que Tres Cantos aspiraba inicialmente a una porción de término mucho mayor. Según su relato, se llegó a hablar de unas 7.000 hectáreas, pero la segregación acabó quedándose en unas 3.000 y pico, con una extensión final de 38 kilómetros cuadrados y 12.680 vecinos en el momento de nacimiento del nuevo municipio.
El “encaje de bolillos” del término municipal
La expresión que mejor resume este proceso está bien recogida en el habla popular: fue “un encaje de bolillos”. Había que trazar una línea que permitiera a Tres Cantos ser viable, pero que preservara para Colmenar la mayor parte posible de su territorio y sus posibilidades futuras.
Armando Jusdado recordó salidas al campo, planos marcados a mano, negociaciones con representantes de Tres Cantos Unido y decisiones casi quirúrgicas para evitar que Colmenar quedara atrapado o mutilado en sus desarrollos posteriores. Ese trabajo discreto, poco visible para la opinión pública, fue decisivo.
También lo fue la protección de determinados espacios. En el relato de Jusdado aparece el empeño por frenar un crecimiento desmesurado y por preservar zonas como Monte Viñuelas o determinados ámbitos que, de haberse desarrollado íntegramente según las previsiones iniciales, habrían dado lugar a una ciudad de dimensiones mucho mayores.
La tesis de Jusdado es clara: si Colmenar no hubiera negociado la segregación, el problema no habría desaparecido. Al contrario, Tres Cantos habría seguido creciendo dentro del término colmenareño, con tensiones cada vez mayores, con demandas propias cada vez más difíciles de encajar y con el riesgo de que la nueva ciudad acabara condicionando por completo la política municipal de Colmenar.
“Hice lo que tenía que hacer”
El momento más personal de la conversación llegó cuando Jusdado resumió su papel en aquel episodio. Rechazó reducirlo todo a “disgustos”, aunque admitió que los hubo. Su balance fue otro: “Hice lo que tenía que hacer. Me tocó a mí. Y lo hice lo mejor que pude para Colmenar Viejo”.
La frase resume una posición política que ha tardado demasiado en ser escuchada sin caricaturas. Jusdado no reivindica la segregación como una fiesta ni como una victoria partidista. La presenta como una decisión difícil, ingrata, tomada en un contexto heredado y con la obligación de minimizar daños.
También sostiene que el tiempo le ha dado la razón. Tres Cantos es hoy una ciudad consolidada. Colmenar no se hundió, no quedó estancado y mantiene capacidad de crecimiento. La independencia de Tres Cantos no supuso la decadencia de Colmenar. Más bien ordenó una realidad que, de otro modo, habría sido ingobernable.
Esa es la tesis de fondo que recorre toda la conversación: la segregación fue menos una pérdida que una operación de contención y ordenación.
Paloma Maroñas: el reproche que aún pesa sobre el PSOE
Paloma Maroñas aportó la mirada del presente. Desde su posición actual al frente del PSOE de Colmenar, reconoce que la segregación sigue apareciendo de vez en cuando como reproche histórico contra los socialistas. No entre los vecinos más jóvenes, que en muchos casos ni siquiera hablan ya de aquello, pero sí en una parte de la memoria política local.
Maroñas considera paradójico que se siga culpando al PSOE de una operación que, vista con distancia, se reconoce muchas veces como inevitable. También subraya que Tres Cantos y Colmenar Viejo han acabado conviviendo con normalidad, con algunas envidias cruzadas, pero sin un conflicto estructural entre ambos municipios.
Su lectura es que Colmenar ha mantenido su identidad y sus posibilidades. Tres Cantos, por su parte, ha construido una historia propia. “Colmenar sigue siendo Colmenar y Tres Cantos, un elemento nuevo, ya tiene historia”, vino a resumir.
Maroñas también fue crítica con el silencio institucional de Colmenar Viejo. A su juicio, ese silencio no es casual. Tiene que ver con una incomodidad política arrastrada desde hace décadas y con la dificultad de reconocer que una decisión asociada al PSOE pudo ser beneficiosa o, al menos, razonable para el municipio.
El silencio de Colmenar
Ese silencio es, quizá, el dato más revelador del 35 aniversario. Tres Cantos ha celebrado su nacimiento como municipio 179 de la Comunidad de Madrid con un programa amplio de actividades, publicaciones y actos públicos. Colmenar, en cambio, ha optado por no mirar hacia ese episodio de su propia historia.
La omisión resulta llamativa porque la historia de Tres Cantos también es historia de Colmenar. Lo es desde el punto de vista territorial, político, económico y humano. No se puede contar el nacimiento de Tres Cantos sin hablar de Colmenar Viejo. Pero tampoco se puede contar la transformación moderna de Colmenar sin explicar qué ocurrió con Tres Cantos.
El silencio institucional parece responder a una vieja incomodidad: reconocer la importancia de la segregación obliga a revisar relatos demasiado simples. Obliga a admitir que el origen del problema no estuvo en el PSOE, sino en una decisión urbanística del Estado franquista. Obliga a recordar que el expediente fue impulsado durante una alcaldía del PP. Obliga a explicar que el PP no votó en contra en el momento decisivo. Y obliga, sobre todo, a aceptar que el resultado final no fue la ruina de Colmenar.
Quizá por eso se calla.
Una historia pendiente de ser contada
Treinta y cinco años después, la segregación de Tres Cantos -la única que se ha producido en la España democrática actual- sigue siendo uno de los grandes episodios pendientes de la memoria pública colmenareña. No porque no se conozcan los datos básicos, sino porque rara vez se ha contado con serenidad, sin consignas y sin utilizarla como arma arrojadiza.
“Era un terreno abonado para hacer políticas localistas de enfrentamiento, pero eso no se produjo”, recordó Virgilio Cano, que atribuyó buena parte de ese resultado a la gestión de Armando Jusdado y a su capacidad para entender y gestionar que la segregación.
La conversación con Armando Jusdado, Virgilio Cano y Paloma Maroñas permite abrir esa puerta. No para cerrar el debate, sino para elevarlo. Para preguntarse qué habría ocurrido si Colmenar se hubiera negado a una solución pactada. Para valorar qué se salvó, no solo qué se perdió. Para entender que gobernar no siempre consiste en hacer lo deseable, sino en administrar lo posible.
Tres Cantos celebró su aniversario con alegría. Tenía motivos para hacerlo. Colmenar, en cambio, no ha dicho nada. Pero su silencio no borra la historia. Al contrario: la hace más necesaria.
Porque Tres Cantos nació de Colmenar Viejo. Y Colmenar Viejo, aunque algunos prefieran olvidarlo, también se explica por aquella separación.










