
Capítulo XX – Final de trayecto
Cada mañana, desde hace años, cojo el 722. Subo en Colmenar, a veces en Tres Cantos. El autobús siempre llega puntual —o casi—. Ya conozco los rostros de siempre, las

Cada mañana, desde hace años, cojo el 722. Subo en Colmenar, a veces en Tres Cantos. El autobús siempre llega puntual —o casi—. Ya conozco los rostros de siempre, las
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