Las Fiestas Patronales de Colmenar Viejo 2025 concluyen hoy, tras dos semanas intensas -entre prefiestas, fiestas y postfiestas- , con más de cien actividades repartidas en diferentes escenarios del municipio. ¿El balance? Más ruido que nueces, desgraciadamente.
R. Gamarra/J. Torres.- La programación oficial había apostado por una oferta de ocio marcada por los conciertos, las verbenas y los DJs. Sesiones de horas y horas de ruido, hasta altas horas de la madrugada, cargadas de alcohol y algarabía. Esa era la apuesta. Y la cumplió.
No han faltado, desde luego, los eventos para público infantil, que en estas ocasiones se entremezcla. Y, por supuesto, el peso de lo religioso y lo taurino han mantenido su presencia tradicional, mientras que lo cultural ha quedado relegado a una posición testimonial cuando no marginada.
La música, la reina de la fiesta
De las más de cien actividades recogidas en el programa oficial, cerca del 40% pertenecen a la categoría musical: conciertos tributo -una moda facilona para hacer hueco a grupos jóvenes que por sí mismos no tendrían cabida-, orquestas -entre las que La Misión destacaba de manera especial-, DJ´s en diferentes ubicaciones y sesiones de cañeo, por calificar de manera amable al consumo desmedido de alcohol desde mediodía hasta la madrugada.
Nombres como DJ Goran DK, DJ Nacho Aguilar, DJ Bandolero o grupos como Whisky Barato o Cuéntame al oído marcaron el ritmo de las noches colmenareñas. A ellos se sumaron verbenas populares con orquestas como Clan Zero y Horizon The Show, todas programadas en franjas de madrugada, y que dejaban las calles en un estado tan deprorable como previsible.
Esta sobresaturación musical -por llamar así al ruido- refleja una estrategia clara de atracción juvenil, con una programación que cubre desde el mediodía hasta las seis de la mañana. Las carpas, la Plaza del Pueblo y los chiringuitos se consolidan como núcleos festivos. La música se impone como hilo conductor de unas fiestas pensadas para el disfrute lúdico más que para la reflexión cultural o religiosa, para el diálogo o para el encuentro. Y eso que la Banda de Música y la Coral pusieron de su parte para elevar el nivel.
Lo infantil y lo taurino
El segundo bloque temático por volumen es el infantil/familiar, con casi un 25% de los actos dirigidos a ese público: hinchables, fiesta de la espuma, musicales, pasacalles con gigantes y cabezudos, y actividades interactivas. A esto se suman las comidas populares, juegos y concursos, que refuerzan el carácter social de las celebraciones.
Las actividades taurinas, por su parte, siguen ocupando un lugar destacado: desencajonamientos y corridas, incluyendo rejones y novillos. La Plaza de Toros La Corredera sigue siendo el escenario principal, aunque los toros van reduciendo su protagonismo por razones que no es éste el lugar de analizar.
Las propuestas religiosas (procesiones, misas, entregas solemnes) suponen un 10% del total. La programación contempla cuatro actos religiosos principales entre los que priman, por supuesto, los desplazamientos de ida y vuelta de la Virgen de los Remedios entre su ermita y la Basílica, que siguen teniendo un peso extraordinario.
¿Lo cultural? Algunas tradiciones, que se mantienen en pie con mérito y esfuerzo, como la demostración de los canteros, y algún impresionante batacazo municipal como el del Torneo de Ajedrez, una iniciativa pionera (organizar y jugar a este deporte en mitad del revuelo festivo solo está al alcance de los muy valientes) que hubo que cancelar por la descoordinación entre concejalías.
Demasiados días, demasiado ruido, demasiado alcohol
El perfil de las fiestas 2025 se aleja cada vez más del patrón tradicional y se acerca a un modelo de festival urbano de calidad dudosa: horarios extendidos, demasiado ocio nocturno, actividades de alto impacto sonoro y visual. ¿El destinatario? Un público joven, fiestero y sin apenas vínculo con la religiosidad ni con la historia local.
Y, al mismo tiempo, la carencia de actividades culturales relevantes, la presencia menor de lo patrimonial, y la casi total desaparición del teatro, la danza o la literatura, dibujan unas fiestas que tampoco parecen apostar por un modelo de futuro.










