La reciente denuncia contra el comisario José Ángel González Jiménez, ex director adjunto operativo de la Policía Nacional, por presunta agresión sexual a una subordinada, ha reabierto un debate incómodo pero necesario: qué ocurre cuando la diferencia de poder entre dos personas se convierte en un factor determinante dentro de una relación personal o laboral
Marta del Barrio.- Las relaciones de poder forman parte de cualquier estructura laboral. Siempre hay alguien que dirige, alguien que evalúa y alguien que depende de decisiones que afectan a su futuro profesional.
En teoría, esa jerarquía debería servir para organizar el trabajo y garantizar el funcionamiento de una institución. Sin embargo, cuando el poder se utiliza de forma inadecuada, la relación profesional puede transformarse en un espacio de presión, dependencia y desigualdad.
El caso del ex DAO
El caso del alto cargo policial provocó su dimisión y la apertura de una investigación judicial, después de que una inspectora denunciara que su superior habría utilizado su posición jerárquica para ejercer presión y mantener una relación marcada por la desigualdad de poder.
Más allá de lo que determine la justicia, el caso vuelve a poner sobre la mesa una realidad que muchas personas conocen bien: la dificultad de enfrentarse a quien ocupa una posición de autoridad.
Cuando la autoridad pesa más que la libertad
En entornos jerárquicos, el poder no es solo simbólico. Un superior puede influir en destinos profesionales, evaluaciones, promociones o condiciones laborales. Esa capacidad de decisión crea una relación desigual que puede condicionar la libertad real de la persona que está en una posición inferior.
En situaciones como la denunciada, la subordinación institucional puede generar dinámicas donde decir “no” resulta más difícil de lo que parece desde fuera. No siempre existe una amenaza explícita. A veces basta con la conciencia de que la otra persona tiene más poder para que la relación deje de ser completamente libre.
Cuando el ámbito profesional se mezcla con el personal, esa desigualdad se vuelve todavía más compleja.
Perspectiva de género: una desigualdad que no es casual
Analizar estos casos desde una perspectiva de género permite entender por qué muchas de estas situaciones afectan especialmente a mujeres. Durante décadas, los puestos de mayor poder dentro de muchas instituciones —incluidas las fuerzas de seguridad— han estado ocupados mayoritariamente por hombres. Esto ha generado estructuras donde las relaciones jerárquicas también reflejan desigualdades históricas.
En este contexto, las mujeres pueden encontrarse en posiciones más vulnerables cuando una relación personal se mezcla con la jerarquía laboral. A esto se suma un factor que aparece con frecuencia: el miedo a denunciar. El temor a las consecuencias profesionales, a no ser creídas o a ser señaladas como problemáticas puede llevar a muchas personas a guardar silencio.
Por eso, cuando un caso llega a los tribunales o a los medios, no solo habla de una situación individual. También refleja un problema estructural que sigue presente en muchos entornos laborales.
El impacto psicológico de estas dinámicas
Las relaciones de poder mal gestionadas no solo generan conflictos legales o institucionales. También tienen un impacto emocional importante. Sentirse presionado, manipulado o atrapado en una relación desigual puede provocar ansiedad, inseguridad, desgaste psicológico e incluso síntomas de estrés o trauma.
Además, estas situaciones suelen venir acompañadas de una gran confusión emocional: dudas sobre si lo ocurrido fue realmente inapropiado, culpa por no haber reaccionado antes o miedo a las consecuencias de hablar.
Por eso, además de los cambios institucionales necesarios para prevenir estas dinámicas, también es importante reconocer el impacto psicológico que pueden dejar en las personas que las viven.
Acompañamiento para comprender y gestionar estas situaciones
En Sicura Psicología acompañamos a personas que han vivido situaciones de presión, desigualdad o abuso de poder en el entorno laboral. A través de un proceso terapéutico presencial y online, ayudamos a comprender el impacto emocional de estas experiencias, identificar dinámicas de poder y desarrollar herramientas para recuperar seguridad, límites y bienestar. Porque poner palabras a lo que ocurre es, muchas veces, el primer paso para volver a sentirse en control de la propia vida.










