El pediatra Mohamed Bachir Masri Hunaidi, nacido en Damasco en 1945 y vecino de Colmenar Viejo desde finales de los años setenta, repasa su trayectoria vital, su vocación médica y su mirada sobre Siria y la convulsa situación de Oriente Medio.
Juan Torres.– Durante décadas, el doctor Mohamed Bachir Masri ha sido uno de los médicos más conocidos y queridos de Colmenar Viejo. Llegó casi por casualidad a finales de los años setenta y acabó construyendo aquí su vida profesional y familiar.
Pediatra de referencia para varias generaciones de colmenareños, su historia comienza, sin embargo, a miles de kilómetros.
“Nací el mismo día de la independencia de Siria”
Pregunta. Usted nació en 1945. ¿Qué recuerdos conserva de aquellos primeros años?
Respuesta. Nací en Damasco, en el casco antiguo. Siempre cuento una coincidencia que para mí tiene mucho significado: nací el mismo día en que Siria proclamó su independencia. Mi infancia transcurrió allí, en una ciudad muy viva, muy histórica y muy abierta culturalmente.
P. ¿Cuándo decidió que quería ser médico?
R. Desde muy pequeño. Me fijaba mucho en los médicos del barrio, en sus consultas, en sus especialidades. Me llamaba mucho la atención ese mundo. En mi familia no era normal estudiar Medicina, pero yo tenía muy claro que quería hacerlo.
El viaje a España
P. ¿Por qué decidió salir de Siria?
R. Salí para estudiar. No fue por razones políticas. En aquella época muchos médicos prestigiosos se habían formado en Europa y yo quería seguir ese camino. Al principio pensaba ir a Francia, porque me atraía mucho París, pero finalmente terminé viniendo a España.
P. Llegó en 1967.
R. Sí, en septiembre de 1967. Llegué primero a Barcelona y luego me trasladé a Valencia para estudiar Medicina.
P. Debió de ser una experiencia complicada.
R. Mucho. Medicina ya es una carrera muy exigente, pero además tenía que adaptarme al idioma, a otra cultura y a una vida completamente distinta. Estudié durante años con diccionarios, traduciendo apuntes, trabajando muchísimo. Fue una etapa dura, pero también muy formativa.
Un destino inesperado
P. ¿Cómo aparece Colmenar Viejo en su vida?
R. Fue casi por casualidad. Después de terminar la carrera vine a Madrid a trabajar y surgió la oportunidad de hacer suplencias médicas en Colmenar. Vine, empecé a trabajar y me di cuenta de que aquí podía ejercer la medicina de la forma que me gustaba.
P. ¿Cómo era el Colmenar de entonces?
R. Muy diferente al de ahora. Había pocos médicos, menos medios y mucha necesidad de atención. Se hacían consultas, urgencias, avisos domiciliarios… Era una medicina muy cercana, muy directa con la gente.
P. Y decidió quedarse.
R. Sí. Al principio pensaba que sería algo provisional, pero poco a poco fui echando raíces. Me sentí muy bien aquí y Colmenar se convirtió en mi casa.
Una medicina cercana
P. ¿Qué significó Colmenar para su carrera profesional?
R. Muchísimo. Aquí encontré la oportunidad de ejercer la medicina como yo la entendía: con cercanía, con seguimiento de los pacientes, con compromiso con la gente. Esa relación directa con las familias es lo que más valoro de mi profesión.
P. Durante muchos años también trabajó en Madrid.
R. Sí, compaginé la consulta aquí con mi trabajo en Madrid, especialmente en el campo de la alergología pediátrica. Fueron años de muchísimo trabajo, pero siempre mantuve a Colmenar como mi base.
Un reconocimiento del pueblo
P. Con el tiempo se ha convertido en una figura muy conocida en el municipio. Incluso hay un parque que lleva su nombre.
R. Sí, fue algo que me emocionó mucho. Según recuerdo, surgió de una votación vecinal. Para mí fue un honor muy grande, porque es una muestra de cariño de la gente del pueblo.
P. Después de tantos años aquí, ¿se siente colmenareño?
R. Claro que sí. Sin olvidar mis orígenes, Colmenar forma parte de mi vida. Aquí he trabajado, aquí he formado mi familia (mi novia valenciana se vino aquí conmigo y nos casamos) y aquí me he sentido siempre muy querido.
Médico y abuelo
P. Y sigue trabajando.
R. Sí. Podría haberme jubilado hace tiempo, pero me gusta mi trabajo. Para mí ya es casi un hobby. Mientras pueda seguir ayudando a la gente, continúo. Y no solo como médico, sino en el diálogo intercultural, cada vez más necesario.
P. Ahora también disfruta de otra faceta: la de abuelo.
R. Sí, tengo cuatro nietos. Ser abuelo tiene un sabor especial. Es una etapa muy bonita de la vida.
La mirada hacia Siria
P. Aunque lleve décadas en España, Siria sigue muy presente en su vida.
R. Sí, claro. Tengo familia allí y sigo muy atento a lo que ocurre en mi país y en toda la región.
P. ¿Cómo analiza la situación actual de Oriente Medio?
R. Es una región muy castigada por los conflictos. Allí se mezclan intereses geopolíticos, petróleo, guerras y tensiones que vienen de muy lejos. Eso provoca mucho sufrimiento para la población.
P. También insiste en distinguir entre islam y fanatismo.
R. Sí, porque muchas veces en Occidente se mezcla todo. Una cosa es la religión y otra el uso político o violento que algunos hacen de ella. Son cosas diferentes y conviene no confundirlas.
P. ¿Es optimista sobre el futuro de Siria?
R. Me gustaría serlo. Siria ha sufrido mucho y necesitará tiempo para reconstruirse. Pero siempre hay que confiar en que los países pueden levantarse si se deja de apostar por la guerra.
Entre dos mundos
Después de más de medio siglo en España, Bachir Masri resume su vida entre dos lugares: el Damasco donde nació y el Colmenar Viejo donde echó raíces.
“Yo he tenido la suerte —dice— de dedicarme a una profesión que me gusta y de encontrar un pueblo donde me he sentido útil y querido”. Pero añade, con un deje de preocupación: “La guerra solo destruye los países y retrasa durante generaciones cualquier posibilidad de recuperación.”
Son los dos mundos entre los que vive el doctor Bachir .










