Carlos Blázquez ejecuta la subida de la tasa de basuras, se justifica ante los vecinos en una larga misiva cargada de inexactitudes y se muestra bronco en el Pleno de abril
JT.- En una larguísima carta, impresa en cuatricromía, con foto propia incluida y dibujos de parvulario, el Alcalde de Colmenar Viejo, Carlos Blázquez, se ha dirigido a cada vecino para justificar la nueva tasa de basura que el municipio ha impuesto a partir del presente año.
En paralelo, y a preguntas de oposición, en el Plano de abril ha sostenido una vez más que la culpa de todo la tiene el gobierno de la nación.
El Alcalde y sus Catedráticos
La misiva, difícilmente legible y cargada de faltas y errores ortotipográficos, reitera los argumentos que presentó en el Pleno extraordinario del pasado mes de octubre y que ya fueron expuestos en la crónica que publicamos en su día en el Diario de Colmenar
Carlos Blázquez, en su carta a los vecinos, a los que tutea con una dudosa familiaridad, se ampara en el hecho de que su decisión viene obligada por una decisión del Gobierno central. Sabe perfectamente que no es cierto: la ley 7/2022 es ta solo una transposición al ordenamiento jurídico español de la directiva europea que aplica el principio de que “el que contamina paga” y facilita a los entes locales mecanismos, complejos pero posibles, para que los vecinos puedan ver notablemente reducidas sus tasas si adoptan medidas de reciclaje y separación de basuras.
En el caso de Colmenar Viejo, la única medida que ha implementado el equipo de gobierno es la de favorecer a las grandes empresas que dispongan con procedimientos propios de reciclaje, y a los pobres de solemnidad, que de todas formas no van a poder pagar.
15.000 euros
En el mejor estilo del alcalde colmenareño, sus argumentos se apoyan en que “trabajamos de la mano de Catedráticos de la Universidad Autónoma”, unos catedráticos con mayúsculas, que deben ser mejores y más cualificados que los muchísimos que sostienen todo lo contrario y que, en consecuencia, solo se escriben con minúscula, como ordena la RAE.
En el Pleno de abril el tema se trató de soslayo, en el turno de ruegos y preguntas, y ahí lo único que quedó claro es que la carta había costado 15.000 euros. Y no porque la escribieran catedráticos sino porque en los costes de papel, impresión, colorines y sobres .el equipo de gobierno se vino muy arriba.
Aunque luego la carta acabe en la basura y haya que subir la tasa.










