La planta de biogás se ha convertido en la china en el zapato del alcalde Carlos Blázquez y su equipo. Tercer pleno con el mismo tema y esta vez con una derrota que les complica las cosas a él y a los promotores de la iniciativa.
Juan Torres.- Hubo unanimidad en dos votaciones. Poca broma: que en estos tiempos crispados todos los grupos coincidieran en algo merecería salir a toda plana en la prensa nacional. Fue en el tercer punto del orden del día, que hacía referencia a la solicitud de compatibilidad de un trabajador municipal, y en una moción presentada por Vox en forma de declaración institucional con motivo del Día Mundial de la ELA. Ni un pero se les puso a estas dos cuestiones. Un lujo.
Lo malo es que entre medias de esos momentos mágicos hubo poco sosiego para unos y para otros. La propuesta de adhesión a la declaración institucional con motivo del Día Internacional del Orgullo LGTBI se votó sin debate y solo los de Vox se salieron del redil. No dejaron solo a su socio de gobierno porque toda la izquierda se sumó. Fueron los de Vox los que se quedaron solos.
Momento guardia civil
La guardia civil tuvo su momento. El PP presentó una moción solicitando refuerzo de efectivos de la Benemérita y el debate estuvo animado. El concejal de Seguridad, Fernández Fuillerat, le puso pasión al asunto y se manejó con habilidad ante las distintas izquierdas, que no terminaban de entender el sentido de la moción. La portavoz de Vox, Susana Jiménez Aibar, estuvo esta vez al lado de su socio de gobierno y brindó una documentada masterclass -Óscar Monterrubio dixit- sobre el instituto armado.
Estuvo curioso el manejo de cifras: en Colmenar Viejo las de seguridad son buenas, pero al decir del concejal y del alcalde no hay que creérselas porque la estadística es tramposa: habrá que recordarles sus palabras cuando enarbolen estadísticas diversas para explicarnos lo bien que va todo lo demás.
Antes y después: biogás
Pero el biogás lo inundó todo de nuevo. Al principio, en la media hora en que los vecinos pueden asomarse al salón de plenos para expresar sus inquietudes, hubo una larga tanda de preguntas. Hay quien dice que eran preguntas preparadas por los grupos de izquierda y repartidas entre varios vecinos para que las formularan, como si los vecinos por sí mismos no fueran capaces. Este cronista no puede acreditarlo, pero en todo caso no sería ilegal. Así que se formularon (era casi siempre la misma con distintas palabras) y el alcalde las contestó con el estilo bronco que en él es costumbre.
(Un par de vecinos preguntaron por la Escuela de Música y la concejala de Educación contestó haciendo honor a su cargo. Que ni ellos gritaran ni ella faltara al respeto sonó raro en medio del guirigay: como si se hubieran equivocado de boda).
Y al final del pleno llegó la moción que todos esperaban, la que habían urdido y presentado conjuntamente Ganemos Colmenar y Más Madrid. La formulación no era gran cosa: que «se revocara la declaración de utilidad pública de la macroplanta de biogás».
El secretario municipal
Y aquí, el Alcalde, tan taurino, echó mano de un recurso inusual en estos casos: lanzó al ruedo al sobresaliente de espadas, disfrazado en este caso de secretario municipal.
Sobre los hombros del esforzado funcionario, Carlos Blázquez depositó una tarea formidable: explicar que todo lo que se había hecho hasta ahora era, no solo legal, sino irrevocable. Que no había marcha atrás. Que esto es así y no puede ser de otra manera. Y que intentar cambiar esto es como atentar contra las leyes del universo.
Así que el probo Francisco Coque, que así se llama el secretario municipal, se había puesto a hacer papeles y papeles y se esforzó en leerlos todos, uno por uno, desde la convicción -nos atrevemos a conjeturar- de que su esfuerzo era baldío.
Sin disidencia
En fin, esta parte fue muy aburrida -porque además el secretario lee mal y atropellado- pero al menos novedosa. Porque los grupos volvieron a desgranar sus argumentos mil veces repetidos, y todo el misterio residía en si la votación final iba a aportar sorpresas, como el mes pasado, en forma de concejala socialista disidente.
No fue al caso. Se votó, el PP se quedó solo y el Pleno aprobó la revisión de la utilidad pública de la planta. En la moción se incluye solicitud al alcalde para que convoque un pleno extraordinario que revoque la declaración.
Ahora le toca al Alcalde mover pieza: cuándo y cómo convocar ese pleno. No hay que ser adivino profesional para suponer que Francisco Coque va a tener trabajo este verano.










