Este domingo se celebra el XI Homenaje a las personas fusiladas en 1939 junto a las tapias del cementerio parroquial de Colmenar Viejo.
Redacción. Un acto cargado de emoción, impulsado por la Asociación Cultural 14 de abril, que reivindica la memoria de 108 personas ejecutadas por defender el orden constitucional de la República. La presidenta del colectivo, Ascensión Luengo, lo resume con una frase que no deja lugar a dudas: “No quiero que mis hijas y mis nietos vivan el franquismo que yo viví. Sé de lo que hablo”.
El acto, respaldado por partidos, sindicatos y asociaciones memorialistas del norte de Madrid, incluye la intervención de la antropóloga forense responsable de las exhumaciones y la voz emocionada de algunos familiares. Se cerrará con una ofrenda floral al pie del mural con los nombres de los represaliados. “No es odio. Es humanidad”, recuerda Ascensión.
“Nos toca a todos, aunque no tengamos familia allí”
Ascensión Luengo no tiene ningún familiar directo enterrado en Colmenar, pero su relato se rompe al recordar la primera exhumación: “Era un chaval de 22 años… y no puedo evitar llorar”. Habla de las emociones que recorren cada año este homenaje. De cómo se inició todo gracias al trabajo de investigación de Roberto Fernández y un pequeño grupo que, poco a poco, fue destapando los nombres de los fusilados. “Ni sabíamos que en Colmenar había tantos. Fueron 108, aunque uno murió tras ser torturado y no llegó al fusilamiento. Está enterrado con ellos”.
La Asociación Cultural 14 de abril surgió, según cuenta, “no solo por el memorialismo, sino también como espacio cultural y de encuentro”. En su sede caben desde presentaciones de libros hasta charlas sobre sanidad pública. Y, como dice Luengo, “aquí entra todo el mundo, venga por lo que venga. Nadie te impone nada”.
Las exhumaciones, realizadas por Aranzadi, han logrado recuperar numerosos restos, aunque el proceso está paralizado por falta de financiación. “Nos prometieron X y nos dieron Y”, afirma con resignación. Además, algunas víctimas aún no han sido identificadas. “Hay familias que solo se enteraron cuando ya eran muy mayores, otras ya no tienen ni hijos ni nietos. Y algunas tumbas no se pueden tocar porque están bajo otras con familiares vivos que no dan permiso”.

La tapia, la herida, la voz
El homenaje tendrá lugar exactamente donde ocurrió: fuera del cementerio, en el muro donde se produjeron los fusilamientos. “En aquella época no se enterraba a los no católicos en tierra sagrada. Por eso estaban fuera. Era como tirar la basura. Y en algunos casos, literal”.
Sobre la importancia de la educación, la presidenta es contundente: “Nos están llenando de mentiras repetidas mil veces. Hay que decirles a los jóvenes que no es cierto lo que les están contando. La historia puede saberse. Solo hay que querer saberla”.
Y concluye con un deseo que es también una advertencia: “Esto no es para odiar. Es para que no se repita. Porque lo peor no fue la guerra. Fue después. Fue la venganza. Y eso no se puede olvidar. Ni permitir que vuelva”.










