«La biblioteca está abandonada» ya no es una exageración de los vecinos de Colmenar Viejo. Basta con entrar en la Casa de la Cultura para comprobarlo. Paredes sin pintar, ventilación inservible, techos con goteras y una atmósfera asfixiante. Lo que debería ser un espacio público de estudio y conocimiento se ha convertido, según sus usuarios, en un lugar “estancado en el tiempo”. Y los propios funcionarios lo ratifican
Redacción.- Manuel Almendáriz, miembro de la Asociación Vecinos por Colmenar Viejo y usuario habitual de la biblioteca, no se anda con rodeos: “El mantenimiento brilla por su ausencia. Hay chicles pegados en las paredes desde hace quince años”, afirma con resignación. Y va más allá: “Ni calefacción en invierno ni aire en verano. El abandono es total”.
El problema no es nuevo, pero este verano ha hecho imposible ignorarlo. Las quejas se acumulan. Las soluciones no llegan. En esta línea, una trabajadora de la biblioteca y un empleado del centro cultural Pablo Ruiz Picasso confirmaron a Colmenar al Día que, efectivamente, faltan ventiladores y que la concejala Rocío Cámara encargó esta semana dos pingüinos, que están esperando recibir.
“La biblioteca está abandonada. He tenido que estudiar con plumas y botas”
Lo que suena a anécdota es en realidad una denuncia seria. “Este invierno me llevé el abrigo de plumas y pantalón de pana para poder estar una hora sin congelarme”, cuenta Almendáriz. Y no fue el único. “La gente entraba y se iba. No se podía aguantar”.
La climatización, según él, lleva años dando señales de alarma. “Han venido técnicos. Dicen que hay que cambiarlo todo, que no tiene solución. Y mientras tanto, seguimos sin aire acondicionado. No funciona nunca”.
Las consecuencias se notan también en la saturación de otros espacios. “La otra biblioteca está siempre llena. Si no encuentras sitio, te mandan a unas salas sin wifi y con un calor insoportable. Allí nadie aguanta”.
Las condiciones, más que precarias, rozan lo inaceptable. “No hay enchufes. Si pones luz, no puedes cargar el ordenador. Es una biblioteca que no está pensada para el presente”.
“No espero nada del alcalde. El centro está muerto”
Almendáriz, de 52 años, lleva años reclamando mejoras. Con educación, pero sin pelos en la lengua. “Escribí a la concejala de Cultura. En invierno reconoció las deficiencias. Ahora ya ni contesta”.
A su juicio, el abandono no se limita a la biblioteca. “El centro del pueblo está olvidado. Da pena. Nadie quiere vivir aquí. Y el alcalde lo sabe. Vivímos en la misma urbanización. No espero nada de él”.
En cuanto al futuro, es escéptico. “Dicen que van a hacer reformas. Pero eso puede ser dentro de cinco años. Mientras tanto, pon al menos unos pingüinos. Algo”. Reclama una intervención seria, estructural. “No basta una mano de pintura. Hay que quitar humedades, mejorar la instalación eléctrica, renovar los espacios”.
Pero lo más urgente, dice, es que no cierren sin avisar. “Yo tengo miedo de que la clausuren. Y no digan nada. Que se olvide”.
Mientras tanto, la biblioteca de Colmenar —la pequeña, acogedora, la del centro— sigue abierta, pero vacía. “A veces estoy solo. Tres personas como mucho. He animado a otros a que se quejen. Pero cuesta. Muchos no creen que sirva de nada”.










