En una esquina soleada de la piscina municipal, lejos del bullicio del chapoteo y las colchonetas inflables, los libros han vuelto a desplegar su magia. La Bibliopiscina regresa al verano de Colmenar Viejo, esa propuesta estival que ya es tradición en buena parte de la Comunidad de Madrid, retoma su espacio en la localidad con más fuerza que nunca. Con horario de 11:30 a 21:30 hasta el 31 de julio, los usuarios podrán zambullirse en el agua… y en la lectura.
MJ. Lejos de ser solo un servicio de préstamo de libros, esta iniciativa ofrece talleres de animación a la lectura y propuestas culturales que, año tras año, buscan reconciliar el verano con la literatura. Y lo hacen en un entorno inesperado: junto al agua.
Vuelven los libros a la piscina
La idea no es nueva, pero sí refrescante. Las bibliopiscinas nacieron en la Comunidad de Madrid en 1993 como una fórmula de acercar los libros a espacios públicos veraniegos. Aquel experimento pionero, que arrancó en algunos municipios del sur de la región, fue ganando adeptos hasta convertirse en un clásico de los meses estivales.
Hoy, más de una treintena de localidades madrileñas han integrado el concepto. Algunas, como Madrid capital, lo llevan a diversas piscinas cubiertas y descubiertas. Otras, como Colmenar Viejo, lo hacen con un servicio más modesto pero igualmente efectivo: préstamo de libros para adultos y público infantil, actividades lectoras y, a veces, hasta cuentacuentos improvisados sobre la toalla.
En esta edición, la Bibliopiscina se instala en la Piscina Municipal de Verano, en la avenida de Los Remedios. Según información publicada por el Ayuntamiento, se puede acceder al servicio de lectura durante todo el horario de apertura, sin coste adicional a la entrada de la instalación.
Además de poder llevarse un libro para leer bajo la sombrilla, las familias encontrarán talleres para los más pequeños, pensados para fomentar el hábito lector desde edades tempranas.
Lectores entre olas
Pero, ¿realmente funciona? Según datos ofrecidos por la Comunidad de Madrid en veranos anteriores, las bibliopiscinas lograron captar a un perfil de lector ocasional que, de otra manera, no pisaría una biblioteca. “Son usuarios circunstanciales, pero muchos repiten en invierno”, señalaba en 2022 la entonces directora general de Patrimonio Cultural.
En esta localidad, no existen aún datos concretos sobre el uso del servicio, pero el interés creciente por propuestas culturales accesibles hace pensar que el libro está, al menos, en buena forma. En años pasados, iniciativas similares como los cuentacuentos de verano o las actividades lectoras infantiles tuvieron una participación notable, lo que augura una buena acogida también en esta edición.
Más cultura, mismo espacio
La presencia de la Bibliopiscina se enmarca dentro de una programación más amplia del verano en la localidad. Este pasado fin de semana, la piscina compartió protagonismo con eventos como el Carnaval de Verano o la exposición de coches clásicos, además del cine al aire libre con “Una película de Minecraft” en la Plaza de Toros.
También se mantienen activas las exposiciones en las bibliotecas municipales y el Centro Cultural Picasso, demostrando que el verano local no solo es para descansar, sino también para reconectar con la cultura en su versión más cercana y cotidiana.










