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La asistencia de público a los festejos taurinos de feria fue menor de la esperada

Foto.- Diego Pedrosa

El miércoles 3 de septiembre, con una novillada sin caballos, en la que actuaron tres jóvenes alumnos de la Escuela Taurina Miguel Cancela, se puso el punto final a un ciclo, que como ya conocen nuestros lectores, comenzó el sábado 30 de agosto.

MIGUEL ÁNGEL DE ANDRÉS (Crónica exclusiva para Colmenar al Día) .- Un somero balance estadístico refleja una feria cargada de triunfos, pues en cuatro de las cinco tardes se abrió la puerta grande para ser sacados a hombros de sus entusiastas seguidores, los triunfadores.

Esta forma de expresión es una clásica de tiempos pasados, que ahora solo se da en los toreros más humildes o en otras ocasiones muy puntuales, pues la realidad es que en estos tiempos, los que sacan a los toreros sobre sus hombres son profesionales denominados “capitalistas”, que siguen a los toreros más famosos por todas las plazas en las que actúan, organizándose ellos mismos para que otros intrusos no se inmiscuyan en esa labor por la que reciben una compensación indeterminada de alguien del circulo de los paseados sobre sus hombros les dan.

Demasiados trofeos

El sábado 30 de agosto fue el colmenareño Miguel de Pablo el que atravesó la ansiada puerta grande tras cortar dos orejas a los encastados toros de Rehuelga que le correspondieron en el sorteo. El domingo 31, fueron los novilleros El Mene y Julio Méndez, con dos trofeos cada uno, los que gozaron del reconocimiento. El lunes 1 de septiembre, el rejoneador Diego Ventura con tres orejas, y Borja Jiménez, en lidia ordinaria, dos. Y el martes 2 Juan Ortega, con dos.

Esto es lo que muestran los datos, en la que de cuatro de las cinco tardes de Feria hubo al menos un triunfador rotundo. que descerrajó, como se dice en términos taurinos, la puerta grande, que es por la que salen los triunfadores que alcanza la gloria soñada, los otros, tienen que salir a pie por la misma que entraron, la puerta de cuadrillas.

Como es sabido, el trofeo con el que se premia la actuación de los matadores, bien sea a pie o a caballo, de alternativa o novilleros en sus dos clasificaciones, son las orejas de sus oponentes. En este ciclo ferial se han cortado un total de 16 apéndices, lo que da un coeficiente de 3,2 trofeos por festejo, cifra que hace presuponer que la Feria ha sido una maravilla y que todos han quedado contentísimos.

El coeficiente orejil

Pero no, tal como indica el proverbio: de dinero y santidad la mitad de la mitad, y que se nos antoja adaptable a nuestra pasada feria por diversas razones que dan luz a el por qué se dan tantas orejas en una plaza como La Corredera, que un tiempo más o menos lejano gozaba de cierto prestigio de seriedad.

Ahora, el referido coeficiente orejil nos sitúa como una de las primeras plazas españolas, de primera y segunda categoría, en la concesión de orejas. Por ejemplo, Madrid la pasada feria de San Isidro, con 27 festejos, se cortaron 19 trofeos, resultando un coeficiente 0,70 trofeos por festejos, y si a esa feria le aplicáramos el coeficiente colmenareño de este año, en la plaza de Madrid, en la feria de mayo, se hubieran cortado la friolera de 86,4 orejas. ¿Somos o no una afición encantadora?

Y aunque quedan muchas cosas que analizar de lo ocurrido en La Corredera, como es el ganado lidiado y la actuación de los espadas, así como la del público, sin olvidar la decisiva actuación de la autoridad en el alto índice orejil, no podemos dejar de retomar la afirmación del empresario, aquel día ya lejano del mes de julio, cuando se hicieron públicos los carteles de
la feria y en el que afirmó que la última palabra en cuanto a la aceptación la tendrían los espectadores pasando o no por taquilla.

Poca asistencia

Sin tener datos, pues solo los tiene con exactitud la empresa, que de manera electrónica controla todo el que pasa por las puertas, pero que no los hace público por pertenecer a lo privado, nosotros, diariamente hemos realizado un análisis visual, determinando, a grandes rasgos y de manera estimativa, los grandes espacios que quedaba vacíos que público, teniendo en cuenta que el aforo máximo que tiene La Corredera es de unos 9.900 espectadores.

Del sábado 30 decía la empresa, en su página web, que había entrado un tercio del aforo, unos 3.300 espectadores, nuestra estimación era de un cuarto, unos 2.500.

Para el domingo 31, ambas parte repetían estimaciones. Para el lunes 1 de septiembre, la empresa refería que había dos tercios del aforo, unos 6.600 espectadores; nuestra estimación era de dos cuartos, 4.900 espectadores. El martes 2 de septiembre, para la empresa hubo tres cuartos de entrada, o sea 7.425, mientras que por nuestra observación determinabamos que se había ocupado la mitad del aforo, unos 5.000 espectadores.

Del miércoles la empresa no facilitó datos, nuestra estimación fue de unos dos mil quinientos espectadores, como los dos primeros días. En cualquier caso la pregunta es si estas cifras reflejan una aceptación, una respuesta positiva a la programación empresarial.

Desconocemos la valoración de las cifras para empresa y Ayuntamiento, la nuestra es que a la vista de las estimaciones no ha habido una movilización mucho mayor a la del año pasado, con independencia de cuales pueden haber sido las causas objetivas.

Un modelo que no ha funcionado

Yo vengo repitiendo hace años que el modelo que se implantó hace ya once años, tras la gestión directa que había hecho el Ayuntamiento durante dos años, y que presuponía como base que la contratación de las llamadas figuras, llevaría la asistencia de espectadores a los niveles de los noventa del siglo pasado; pero la realidad es que el modelo no ha funcionado, tampoco este año, la respuesta del público no ha sido la esperada, y a lo que sí que nos llevado el modelo es que los asistentes tengan que pagar un precio alto por sus entradas, a lo que hay que el coste de la subvención de 140.000 que da el Ayuntamiento.

¿Eso quiere decir que Colmenar Viejo ha dejado de ser taurino? la respuesta es no, aunque si es cierto que el porcentaje de su población taurina ha disminuido muchísimo sobre su población total, eso es comprensible fácilmente por el desmesurado crecimiento poblacional que ha habido en las dos últimas décadas, sin que los nuevos habitantes, en la proporción que existía, se vinculen con la tradición.

Pero donde verdaderamente se produce un importante descalabro es en la promoción externa, que incide negativamente en la llegada masiva de espectadores foráneos, que es lo que completaban el aforo que históricamente no cubría el aficionado local. Hace años la plaza colmenareña tenía una personalidad y gozaba de una fama que se ha dilapidado, de manera equívoca, en el tiempo.

Recuperar la personalidad

Lo que se anuncia y produce es similar a la que se da en otros varios lugares más o menos próximos, con unos resultados más o menos parecidos, eso desincentiva o al menos disgrega. Lo novedoso pasaría por determinar unas formas o personalidad que nos definiera y nos hiciera diferentes, y trabajar seriamente durante unos años en ello. Desde mi punto de vista, eso debería pasar por potenciar nuestra vitola histórica, el toro, y hacer de ello su marca definitoria, además de potenciar otras cuestiones complementarias que en su momento llevaron a afirmar al gran crítico taurino Joaquín Vidal aquello de “Aquí sí que se enteran”, en alabanza lo que era nuestra afición de entonces.

El argumento que a las corridas que llaman toristas no acude nadie es una falsedad interesada, pues se incluyen, de manera testimonial, en una feria basada con prioridad de la presencia de las llamadas figuras, que aunque sí que convocan a un mayor, aunque no tanto, número de espectadores, también conlleva el consiguientes aumento de costes no compensados que se traduce en mayores pérdidas.

Dese una oportunidad a un nuevo sistema, solamente otros diez años, trabajando seriamente sobre él, con paciencia, y después, se podrá determinar con certeza lo que es mejor o peor. De momento, independientemente de la valoración artística que cada cual, por sus gustos e intereses personales, pueda determinar si la feria ha sido buena o mal, la respuesta que la respuesta que el empresario buscaba en la taquilla ha sido negativa, no ha habido respuesta de aceptación, y eso es para hacérnoslo pensar a todos, sobre todo al Ayuntamiento y a la empresa, que son los máximos responsables del tema.

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