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Alberto Bartolomé, el nuevo concejal de Ganemos que llega desde el activismo y el periodismo social

Foto aportada por A.B.

Alberto Bartolomé Aragón tiene 30 años y es de Colmenar Viejo “de toda la vida”. Nació en La Paz (en el hospital madrileño, no la capital de Bolivia), pero se ha criado aquí, vive aquí y se presenta como un colmenareño “fiscal y sanguíneamente” local. «Inluso tengo mote», ríe. Habla bien, rápido, con humor seco, y combina una mirada de periodista bregado con una convicción política muy marcada.

JT.- En su biografía hay un dato que explica muchas cosas sin necesidad de dramatismos: convive con el síndrome de Marfan, una enfermedad rara con afectación cardiaca y visual. Mide más de dos metros, vigila el ensanchamiento de la aorta y, tras desprendimientos de retina, conserva alrededor del 40% de visión en el ojo derecho y nada en el izquierdo. “Te curte y te forja”, resume, sin rastro de victimismo.

Del periodismo social a los derechos de la discapacidad

Su trayectoria formativa es amplia y poco habitual en la política local. Estudió Periodismo y Ciencias Políticas y, al terminar, quiso completar lo que —dice— el grado le dejó corto: se especializó en teoría política y filosofía política, cursó un máster en filosofía de la historia y añadió otro ligado al mundo de la discapacidad y el sistema de dependencia. En la práctica, ha trabajado en ámbitos institucionales y mediáticos que encajan con ese perfil: pasó por el Senado, por el CERMI (Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad), y ha estado vinculado a medios como la Sexta y 20minutos, casi siempre en territorios de política y periodismo social. Hoy trabaja en el gabinete de prensa de la ONCE.

Un independiente en Ganemos

Bartolomé no pertenece a ningún partido. Se define como independiente, no afiliado a las formaciones que componen Ganemos, y sitúa su incorporación a la asamblea local en 2019, después de años de inquietud política. Empezó participando en el trabajo orgánico y representando a Ganemos en consejos de participación (Medio Ambiente; Cultura, Juventud y Festejos). El salto al Pleno le llega ahora por una cadena de renuncias en la candidatura: tomará posesión el 26, en el pleno de final de mes. Lo asume como “orgullo y honor” y, al mismo tiempo, como un aprendizaje: dice que entra con ilusión, con preparación y con ganas de “dar lo mejor” en un cargo que, por primera vez, es de responsabilidad institucional directa.

Un diagnóstico directo: urgencias, movilidad, residuos y crecimiento

Si se le pide una lista de prioridades para Colmenar y las enumera sin titubeos. Coloca en primer plano las urgencias sanitarias, y habla de una movilización vecinal sin precedentes reciente. A continuación sitúa la movilidad y el deterioro del transporte público, incluido el tren; después, la gestión de residuos (macrovertedero, macroplanta, contrato de basuras); y, en paralelo, un crecimiento urbano que considera descompensado cuando no viene acompañado de servicios: ambulatorios prometidos, centros educativos y equipamientos básicos en las zonas nuevas.

Su valoración del gobierno municipal es crítica, en un municipio donde el PP ha gobernado durante décadas —y desde 2023 lo hace en coalición con Vox—, pero no cae en el “no a todo”: si una medida mejora la vida de Colmenar, defiende que hay que apoyarla incluso viniendo del adversario. Pone como ejemplo la carta del alcalde sobre la necesidad de mejorar el servicio ferroviario, con la que coincide, aunque desconfía de los tiempos políticos con que se ha reactivado el asunto.

Identidad política sin eufemismos, pero con foco municipal

En el terreno ideológico tampoco se esconde: en medio de la conversación lo formula con naturalidad, casi como una aclaración necesaria, “yo no soy progresista; soy marxista, comunista”, y desde ahí lanza su crítica a la “izquierda institucional”, a la que acusa de haberse alejado de las condiciones materiales y de las reivindicaciones que afectan al día a día. Dicho eso, vuelve una y otra vez a una idea práctica: en lo local importan menos las siglas que las políticas concretas, y una oposición útil no es la que grita más, sino la que empuja medidas que funcionen.

2027: reforzar lo público y reconstruir servicios

Mirando a las próximas municipales, dibuja una agenda clásica del municipalismo de izquierdas, con objetivos muy reconocibles: recuperar y reforzar la red pública, revisar externalizaciones, mejorar el mantenimiento urbano, y replantear movilidad y buses municipales (recuerda que hubo seis líneas operativas y ahora quedan apenas dos, mal distribuidas). En residuos, plantea como horizonte un cambio de modelo y la defensa del interés municipal dentro de la Mancomunidad.

En cultura, reclama más espacios públicos para la creación local, facilitar ensayos y programación, y ampliar la oferta del auditorio. Y deja una nota, entre crítica y perpleja, que conecta con una queja extendida: la tendencia municipal a bautizar fiestas y eventos “en inglés”, como si lo anglosajón fuese la marca por defecto de lo moderno.

Un concejal con oficio previo

Bartolomé llega al Ayuntamiento con una doble mochila: la del periodista acostumbrado a leer instituciones y la del activista social que conoce el terreno. Repite que viene a aprender, pero no suena a debutante: su mapa de problemas es concreto y su tono, incluso cuando discute, busca aterrizar en la gestión y en la vida cotidiana. A partir del día 26, ese estilo tendrá un escenario más incómodo y más real: el Pleno municipal.

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