En el año 2003, en plena resaca de la crisis tecnológica que siguió al estallido de las “puntocom”, nacía Berkano. No fue un proyecto planificado en un despacho con fondos de inversión detrás, sino una decisión casi de supervivencia: la empresa en la que trabajaban sus fundadores cerró y el mercado laboral, saturado de perfiles tecnológicos, no ofrecía demasiadas salidas.
JT.- “Fue una huida hacia adelante”, recuerda Raúl Fernández, uno de los fundadores. Ingenieros informáticos especializados en telecomunicaciones, decidieron convertir la incertidumbre en empresa propia. Los primeros años fueron, como en tantas historias empresariales, de resistencia: proyectos pequeños, facturación ajustada y la sensación constante de que cada contrato ganado compraba apenas unos meses más de vida.
De fábrica de software a socio tecnológico
En sus inicios, Berkano actuó como una “fábrica de software”, desarrollando sistemas de facturación y plataformas de soporte de operaciones (OSS) para operadores de telecomunicaciones, utilities y empresas de servicios. Con el tiempo, su especialización se fue consolidando allí donde informática y telecomunicaciones se cruzan: redes, sistemas de gestión, integración tecnológica.
La liberalización del sector en España abrió nuevas oportunidades. El auge de operadores locales —especialmente en zonas como Levante y el sur peninsular— permitió a la compañía crecer suministrando soluciones técnicas a empresas de telecomunicaciones emergentes.
Con los años, el alcance se amplió: despliegues de fibra óptica, redes wifi para hoteles, infraestructuras completas para edificios residenciales en proyectos “build to rent”, y servicios integrales para empresas.
Actualmente, el grupo empresarial —estructurado en varias sociedades— supera el millón y medio de euros de facturación anual.
Diez años de Sambatel
En 2015-2016, el equipo dio un paso más: dejar de ser únicamente proveedor tecnológico para convertirse también en operador. Así nació Sambatel, que este año cumple su décimo aniversario.
Desde entonces, la compañía presta servicios de fibra óptica, telefonía fija y móvil y televisión, tanto a particulares como a empresas. Pero su propuesta va más allá de la conectividad básica: centralitas en la nube, soluciones de ciberseguridad, energía, alarmas y soporte técnico personalizado.
“El problema es que cuando dices que eres operador de telecomunicaciones, muchas pymes huyen. Están cansadas de llamadas comerciales agresivas. Nosotros no somos eso”, explica Antonio Mendoza, arquitecto trasmutado en teleco, que forma parte del núcleo duro de la firma.
Por eso, coincidiendo con su décimo aniversario, la empresa está redefiniendo su posicionamiento: dejar de presentarse como operador al uso para hacerlo como socio tecnológico de proximidad para pequeñas y medianas empresas.
La guerra de Ucrania y la ciberseguridad
Uno de los ámbitos donde la experiencia acumulada se ha vuelto especialmente relevante es la ciberseguridad. Según explican, el volumen de ataques a servidores y redes empresariales se ha incrementado notablemente en los últimos años.
“Desde el inicio de la guerra de Ucrania hemos detectado un aumento significativo de intentos de intrusión, muchos procedentes de rangos de direcciones IP rusas o asiáticas. No son ataques domésticos; detrás hay infraestructuras organizadas”, afirma Fernández.
El fenómeno no es ajeno a Colmenar Viejo. El reciente incremento de los ciberdelitos en la Comunidad de Madrid confirma que la seguridad digital se ha convertido en una preocupación real para las pymes locales, muchas veces sin recursos técnicos propios para afrontarla.
El reto: arraigo en Colmenar Viejo
Aunque el grueso de la actividad histórica del grupo se ha desarrollado fuera del municipio -y de hecho tiene presencia efectiva en otras comunidades-, ahora la mirada se dirige claramente a Colmenar Viejo y su entorno.
El objetivo es sencillo y ambicioso a la vez: visitar empresa por empresa, escuchar necesidades concretas y ofrecer soluciones adaptadas. Desde la implantación de sistemas de facturación electrónica (Verifactu) hasta la protección frente a ciberataques o la digitalización de procesos internos.
La filosofía no es la del contrato rápido, sino la del acompañamiento a largo plazo. “Nuestro primer cliente de 2003 sigue con nosotros hoy. Eso dice mucho del tipo de relaciones que buscamos”, afirman ambos interlocutores.
Tecnología local, vocación global
Además de su implantación en España, el grupo explora oportunidades en Latinoamérica, con especial atención a Perú. Esa expansión, reconocen, exige músculo financiero adicional, algo que no descartan abordar en el futuro mediante la entrada de inversores.
Mientras tanto, el proyecto mantiene su esencia: empresa pequeña, trato directo y soluciones integrales.
En un momento en que la digitalización ya no es opcional para ninguna pyme, la apuesta de Berkano y Sambatel pasa por algo tan sencillo —y tan escaso— como estar cerca.
En Colmenar, literalmente.










