Primera marcha reúne una decena de acrílicos que transforman coches icónicos en relatos visuales; la muestra podrá verse del 7 al 31 de enero próximo.
AP. – Primera marcha, la exposición de Alberto González Moya, hace parada en el Vestíbulo del Centro Cultural ‘Picasso’ del 7 al 31 de enero con una decena de acrílicos que celebran el mundo del automovilismo. La muestra convierte modelos emblemáticos, tanto de competición como de la cultura popular, en escenas pictóricas que buscan evocar recuerdos y emociones en aficionados y paseantes por igual.
Del radiocontrol al lienzo
González Moya explica que su relación con los coches comenzó mucho antes de trasladarlos al óleo o al acrílico: compitió como copiloto en rallyes y ganó dos campeonatos de España en coches de radiocontrol. Aquellas carrocerías decoradas con aerógrafo fueron sus primeros lienzos.
“Estudié artes y me gustaba dibujar; decorar las carrocerías se me quedó corto y quise mostrar algo más artístico. Empecé a trasladar esas imágenes a lienzo y así nació esta colección”, cuenta el autor, que ha elegido ahora un formato diferente y más estático para dar más protagonismo a la imagen y al detalle.
Modelos con historia
La selección de piezas responde a un criterio sentimental y estético: figuras como Fernando Alonso y el Ferrari de Michael Schumacher conviven con iconos del cine como el Ecto-1 de Cazafantasmas o el DeLorean de Regreso al futuro. Cada obra funciona como una cápsula de memoria, del propio coche y del momento que representa.
Entre los cuadros destaca un Mini dedicado a Antonio Albacete, realizado con motivo de una concentración que incluyó actividades benéficas; esa pieza llegó incluso a subastarse para apoyar a la asociación local ComeTea, destinada a niños con TEA, un gesto que conecta la pasión por el motor con solidaridad.
Estética, técnica y emoción
Técnicamente, la muestra repite recursos usados en las carrocerías pero adaptados al soporte, acrílicos sobre lienzo que juegan con la luz, el brillo metálico y la textura para sugerir volumen y movimiento, sin renunciar a la precisión del detalle que exige la representación de automóviles reconocibles. Los lienzos de González Moya buscan capturar esa primera impresión visual, al mismo tiempo que reconstruyen momentos icónicos, como el podio del regreso de Alonso a la Fórmula 1, que apelan a la emoción del aficionado y es la obra más significativa para el autor, como aclara.
Proyección y futuros proyectos
Aunque esta exposición es, en palabras del artista, “un primer empuje”, González Moya ya contempla extender la serie, retratar pilotos de Fórmula 1, modelos clásicos y salpicaderos vintage, así como una sección específica sobre rallyes, disciplina que considera a veces olvidada dentro del automovilísmo nacional.
Compaginar la creación pictórica con su trabajo cotidiano le deja menos tiempo del deseado, pero afirma que pintar sigue siendo «una liberación» y una forma de evadirse. Primera marcha invita a revivir momentos del automovilismo o descubrir la mirada plástica de un aficionado convertido en artista en un punto de encuentro entre velocidad, forma y nostalgia.










