El Auditorio Villa de Colmenar Viejo abrió ayer su temporada de 2026 con una pieza mayor del repertorio europeo contemporáneo, Las amargas lágrimas de Petra von Kant, de Rainer Wener Fassbinder, que fue bien recibida por un público poco acostumbrado a propuestas de vanguardia.
Juan Torres.– En 1971, el joven escritor y director alemán R.W. Fassbinder subió a las tablas esta propuesta que él mismo llevaría al cine al año siguiente. La obra ofrece un argumento tan sencillo como corrosivo: Petra, diseñadora de moda recién divorciada, vive con Marlene, su secretaria, ayudante y casi esclava. Cuando una amiga le presenta a Karin, una joven ambiciosa de orígenes humildes, Petra se enamora y decide convertirla en modelo. A partir de ahí, el amor se revela como lo que tantas veces es en Fassbinder: un contrato de poder que alguien firma sin leer la letra pequeña.
Una obra que sigue mordiendo
Conviene subrayarlo porque no es un detalle menor, aunque está ausente en el programa difundido por los programadores: el autor de la obra es Rainer Werner Fassbinder, un creador que vivió solo 37 años, pero que marcó la escena y la filmografía europea de la segunda mitad del siglo XX con unas propuestas rabiosamente modernas.
La pieza fue escrita en 1971 y el propio Fassbinder la llevó al cine un año después, ampliando su impacto. Medio siglo más tarde, lo que cuenta no ha envejecido: el deseo como forma de posesión, el modo en que se reproduce la violencia aprendida, la fragilidad de los roles cuando cambian las jerarquías. En términos estrictos, el argumento podría sonar a melodrama; en Fassbinder, el melodrama se convierte en radiografía: no busca la lágrima fácil, sino una incomodidad más útil.
El montaje que llega a Colmenar Viejo
A Colmenar Viejo ha venido la producción de Pentación Espectáculos y Nave 10 Matadero, bajo la dirección de Rakel Camacho y con las intepretaciones de Ana Torrent, Rebeca Matellán, Maribel Vitar, Julia Monje y María Luisa San José. Se trata de una propuesta brillante, atrevida, sin ninguna concesión al costumbrismo habitual de nuestro teatro, con un magnífico elenco de actrices y una música deslumbrante.
No es un detalle menor que el Ayuntamiento haya elegido este título para abrir la temporada. Si la cultura municipal quiere formar público y no solo “llenar fechas”, empezar con Fassbinder es una declaración: plantea exigencia, incomodidad y repertorio con peso.
El teatro no estaba lleno, pero había público suficiente para entender que la obra interesaba y, en efecto, al final hubo un buen recibimiento, aplausos sobrados e incluso algún bravo que se puede entender como natural.
Lo primero: el autor importa (y aquí falta)
Hay algo especialmente interesante en ver una pieza como esta en Colmenar Viejo porque no es frecuente. Por la calidad de la propuesta de Fassbinder y por la modernidad estética y escenográfica de la puesta en escena de Rakel Camacho.
Es una pena que la información que el Ayuntamiento, y la propia compañía, difundió, omitiera el nombre del autor en el programa que anunciaba la programación del semestre. En un espacio público, esa omisión es un error de base: el nombre del autor no es “cultura general”, es contexto. Y, en este caso, contexto de primer orden. Fassbinder es una de las figuras decisivas de la segunda mitad del siglo XX: un creador que, en teatro y cine, diseccionó las relaciones de dominación y dependencia con una mezcla de frialdad, lucidez y melodrama sin complacencia.
Este error se ha corregido en el programa de mano entregado a la entrada del teatro, pero ya sin posibilidad de ofrecer el contexto.
En todo caso, que Las amargas lágrimas de Petra von Kant vuelva a escena (y a un escenario municipal) es, en sí mismo, una buena noticia cultural, aunque el hecho de que el público no cuente de antemano con información contextualizada de aquello con lo que se va a encontrar plantea un problema de percepción de la obra.
Confiamos en que las obras posteriores de calidad que este semestre vamos a encontrar en este mismo escenario corrijan esta deficiencia.










