PARTE II
La entrevista se hizo así, en dos partes, porque el tiempo se nos había agotado en un suspiro, y se nos brindó la posibilidad de continuar si le dábamos un breve plazo al Alcalde para atender otro compromiso. Aceptamos, agradecidos, la propuesta, y apenas veinte minutos después de la primera parte nos volvimos a sentar en las mismas posiciones y a reanudar la charla por donde la habíamos dejado.
Una entrevista de Juan Torres
Por cierto, en todo el tiempo que estuvimos con él, Carlos Blázquez no se inmutó lo más mínimo mientras Diego Pedrosa lo acribillaba a fotografías ni nos desatendió ni un segundo mirando el móvil, como cada vez más se acostumbra. Un profesional.
Y por ahí empezamos.
P. Alcalde, visto su perfil, sus modos, su actitud, permítame que le pregunte: ¿Es usted un profesional de la política?
R. Sí, desde luego, y a mucha honra. La política es un oficio bello y necesario y, como cualquier oficio, hay que saber ejercerlo. Necesitamos más profesionales de la política. Lo cual no tiene nada que ver con aferrarse al cargo. De hecho, soy partidario de la limitación de mandatos. Pero un buen político debe ser capaz de servir desde distintos sitios.
LA AUTOCRÍTICA COMO MÉTODO
P. Pero un problema de los políticos es que jamás se autocritican…
R. Yo me hago mucha autocrítica. Otra cosa es hacerla pública. No me duele decir dónde me equivoco; huyo de la gente perfecta. Pero también hay que entender cómo funciona la administración, los tiempos y los procedimientos.
P. Póngame un ejemplo concreto de algo por lo que se autocritique.
R. El Centro Cultural de la Estación. Se ha enquistado. Entre problemas jurídicos, la pandemia… Pero parece que ya está en vía de solución y espero que quede solucionado antes del verano.
P. Se la tengo que preguntar: la planta de biogás. ¿Está a favor o en contra?
R. Estoy a favor del cumplimiento de la legalidad. No hay otra manera de ejercer el puesto de alcalde o de servidor público. Si ni los que estamos aquí respetamos la ley, el imperio de la ley, tendríamos que plantearnos el sistema de otra manera.
P. Pero usted mismo ha dicho que, si pudiera elegir, elegiría otra cosa.
R. Claro. Yo preferiría Silicon Valley, o Disney, o mejores infraestructuras. Pero una cosa son las preferencias y otra las obligaciones. Si se cumplen los requisitos, el Ayuntamiento tramita licencias. Y lo que me preocupa de este tema, de este debate enquistado, es otra cosa: el daño reputacional a Colmenar. En este asunto se ha atacado a Colmenar Viejo, no al alcalde, con una carencia de escrúpulos relevante.
P. Usted compara mucho la planta de biogás con el vertedero.
R. Porque el vertedero lleva décadas. Y es infinitamente peor que una planta de biogás; cualquier técnico lo puede decir. Y, aun así, Colmenar no se ha muerto por tener un vertedero; ni hay un tráfico imposible por eso; ni han bajado las casas por eso. Lo que hay que hacer es convertir la necesidad en virtud: avanzar hacia la planta de compostaje y ponerlo en valor.
TODO SON PRIORIDADES
P. Cuando le pido que ordene prioridades —movilidad, urbanismo, equipamientos—, usted se resiste.
R. Porque a mí me tortura todo todos los días. No es una cosa o dos: son muchas. Y hay una parte personal: yo me despierto pronto, me examino permanentemente. Antes de Navidad acabé en urgencias por hipertensión. Así que sí, claro que hay prioridades, pero también hay obligación de pelear por todo a la vez.
P. Usted insiste en que el gran freno es el tiempo.
R. En la administración hay un factor que lo rompe todo, y es el tiempo. Queremos que todo se resuelva rápido y eso es imposible. Solo en la parte jurídica y contractual de cualquier proyecto se va a un año largo. Luego una obra grande se va a 18–24 meses. Y además hay tantos informes, tan poca gente, tanto trabajo… que no se puede ir a los tiempos que uno quiere.
P. Cuando deje la Alcaldía, ¿por qué le gustaría que le recordaran?
R. No tanto por sumar equipamientos aislados, sino por proyectos que transformen la fisonomía y cierren heridas urbanísticas. El proyecto del que más orgulloso estoy es el Parque del Cerrillo: la integración de una zona que estaba perdida. Y me haría ilusión finalizar el eje hasta el vivero, incluyendo la plaza de toros, la Alameda, la zona de Las Vegas… un eje que creo que va a ser el futuro.
P. Municipio, Comunidad, Estado, Europa… ¿Dónde se sitúa?
R. Yo soy muy localista. Creo infinitamente en lo local, en el municipio. Somos los que respondemos en cualquier calle ante el vecino. En una pandemia, en una filomena… el que le soluciona la vida al vecino al día siguiente es el municipio.
P. En Colmenar la ganadería sigue siendo un sector con peso. El tema Mercosur está dando que hablar y hay ganaderos muy preocupados.
R. Sí, y además Europa tiene que poner mucha atención. El sector primario nos da de comer. Y aquí hay una calidad espectacular. Luego, por competencias, el Ayuntamiento no puede hacer gran cosa, pero cuando hay momentos críticos —pandemia, necesidades, agua— intentamos estar. Y la burocracia europea, muchas veces, ahoga.
P. Una última pregunta, Alcalde. ¿Qué está leyendo ahora?
R. “El líder que no tenía cargo”, de Robin Sharma. Me lo recomendó Jorge [Domínguez, portavoz del grupo popular y concejal de Urbanismo]… No está mal, pero los hay mejores…
P. ¿Es el tipo de libros que lee usted?
Sí. Me gustan mucho los temas de liderazgo, de empresa, de economía. E intento no perder el hilo con la filosofía… Este verano retomé a Ortega.
Y así nos despedimos, hablando de libros, como si después de biogás, presupuestos y urbanismo hiciera falta una puerta de salida más doméstica. “Para los títulos soy un desastre”, dice. Y en esa frase mínima se queda el tono de toda la entrevista: poco margen para la solemnidad.










