Colmenar Viejo reclama más fiabilidad en la C4 mientras Renfe escucha el malestar municipal y varios vecinos confirman que la incertidumbre diaria ya empuja a muchos a abandonar el tren.
Alea Palacino. – Colmenar al Día ha salido a la calle para preguntar a vecinos por el estado del transporte público, mientras el Ayuntamiento de Colmenar Viejo traslada a Renfe su malestar por unas incidencias en la C4 que ya se han convertido en rutina.
Una reunión que llega cuando la paciencia está agotada
El alcalde, Carlos Blázquez, y la concejal de Movilidad, Isabel Álvarez, se reunieron el 26 de mayo con responsables de Renfe para reclamar mejoras urgentes en la principal conexión ferroviaria del municipio con Madrid. El Consistorio insiste en que la situación diaria de miles de usuarios es insostenible por los retrasos, cancelaciones y suspensiones que se repiten sin dar tregua.
Blázquez ya había enviado en febrero una carta al ministro de Transportes, Óscar Puente, denunciando que las incidencias “se han convertido, desgraciadamente, en una constante que perjudica gravemente la vida diaria de nuestros ciudadanos”. El Ayuntamiento considera que no se puede pedir a los vecinos que apuesten por el transporte público mientras el servicio sigue fallando a diario.
La petición municipal pasa por reforzar frecuencias en horas punta, cumplir horarios y mejorar la información al usuario. Blázquez lo resumió con una advertencia clara. “Los vecinos de Colmenar Viejo no pueden seguir soportando un servicio ferroviario marcado por la incertidumbre diaria”, afirmó tras la reunión.
Vecinos que ya no se fían del tren
Colmenar al Día ha salido a la calle para conocer la opinión de los vecinos y el diagnóstico es claro: el malestar con el transporte público se ha instalado entre muchos usuarios habituales de la C4. “Inestable”, resume una vecina al definir el servicio actual, mientras otros colmenareños describen una sensación constante de incertidumbre ante retrasos, averías y cancelaciones que consideran ya demasiado frecuentes.
Esa pérdida de confianza está provocando cambios en los hábitos de movilidad. Algunos vecinos reconocen que han dejado de depender del tren y optan cada vez más por el autobús o el coche, aunque tampoco ven una solución cómoda en las carreteras. Las obras en la M-607, los atascos diarios y la saturación del tráfico han terminado por convertir los desplazamientos hacia Madrid en un problema cotidiano para muchos trabajadores y estudiantes.
Entre los vecinos también se repite la sensación de que falta planificación y capacidad de respuesta. Aunque algunos siguen utilizando Cercanías por necesidad, consideran que el principal problema es no saber si el servicio llegará puntual o sufrirá una nueva incidencia. A eso se suma la petición de más frecuencias de autobús y una mejora general de la movilidad en un municipio donde cada vez más personas sienten que desplazarse se ha convertido en una carrera diaria contra el tiempo.
Más avisos no bastan si el servicio no responde
Renfe informó al Ayuntamiento de la existencia de un canal oficial de WhatsApp para avisar de incidencias, retrasos y alteraciones del servicio. La herramienta puede servir para anticipar problemas, pero no resuelve el fondo de la cuestión.
Porque en Colmenar Viejo el problema ya no es solo enterarse tarde de que el tren falla. El problema es que falla demasiado. Y cuando una línea esencial deja de ser fiable, el mensaje que recibe el vecino es claro: moverse a Madrid sigue siendo una carrera de obstáculos.










