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Interbús deja tirados a cientos de vecinos de Colmenar y el resto de la sierra con una gestión ineficiente y torpe de sus autobuses

Flota de autobuses urbanos. Fuente: Interbus

Durante todo el tiempo que duró el apagón, las unidades que circularon fueron mínimas, en contraste con las líneas gestionadas por sus competidores, que se esforzaron en dar servicio complementario.

RS.- Interbús, la empresa que gestiona los autobuses que conectan la ciudad de Madrid con Colmenar Viejo estuvo «desaparecida en combate» durante todo el tiempo que duró el apagón. Hay que recordar que los autobuses de Interbús, más allá de Tres Cantos Y Colmenar, conectan también con todos los municipios de la Sierra que transcurren a lo largo de la M-607 y de la M-608.

En contraste, la compañía Alsa, que atiende también el servicio de un buen número de municipios de la región, mantuvo su actividad, e incluso la incrementó, pese a las diicultades del momento, así como hicieron los servicios de la Empresa Municipal de Transportes (EMT), al menos en el intercambiador de Plaza de Castilla.

Intercambiador inutilizado

El intercambiador subterráneo de Plaza de Castilla quedó inutilizado, obviamente, nada más comenzar el apagón, pero el servicio de autobuses se organizó pronto en superficie. Tras un caos inicial, derivado del gran número de autobuses y de usuarios acumulados, se adoptó pronto la decisión de que los autobuses que debían enfilar por la M-607 recogieran a los viajeros en la parada de Begoña, frente al hospital de la Paz.

A las 4 de la tarde – el apagón se había producido a las 12,30- varios centenares de viajeros se agolpaban en esa parada. Circuló algún autobús con destino a Tres Cantos, pero aquellos que debían transportar viajeros a Colmenar Viejo y más allá, quedaron inmovilizados durante horas en esta parada sin que nadie diera explicación ninguna.

Un solo autobús

Alrededor de las 18,00 horas, un único autobús de la línea 725, que hacía el recorrido hasta Miraflores, Bustarviejo y Valdemanco, pasando por Tres Cantos y Colmenar Viejo, recogió a unos 120 viajeros -ligeramente por encima de su capacidad máxima- y dejó en la parada a varios centenres más, algunos de los cuales habían recorrido a pie durante horas los trayectos desde sus lugares de trabajo, trayectos que otros días realizan en metro o autobús hasta el intercambiador.

Las historias de estos viajeros -personas mayores, algunos de los cuales salían del hospital, padres y madres con niños a los que tenían que recoger y con personas depedientes a su cargo- eran dramáticas, pero perfectamente ignoradas por unos responsables del servicio que ni estaban ni se les esperaba.

Hay que decir con todo, que el conductor de aquel único autobús que dio la cara en toda la tarde actuó como un excelente profesional, del mismo modo que los viajeros, tanto los atendidos como los que no, que mantuvieron una compostura admirable, pese a lo difícil de la situación.

Interbús debe una explicación.

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