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La vicepresidenta de Asprodico hace un llamamiento a aprender a «normalizar lo distinto»

Sede de Asprodico - Foto- Diego Pedrosa

«Ningún niño sin terapia», un eslogan en el que la Asociación colmenareña lleva empeñada desde 1978 y que requiere de 350.000 euros para continuar

JT.- Ángela Santiago y Javier de Andrés reciben a Colmenar al Día con calidez, le hacen un rápido recorrido por sus modestísimas instalaciones, lo acomodan en una gran sala y empiezan a hablar a tal velocidad y con tantas cosas que contar que no resulta fácil seguirlos.

Se comprende. Son algunos de los responsables de sacar adelante la única entidad de la comarca comprometida con la compliacada y heterogénea problemática de «los discapacitados», un término que engloba una extensa gama de problemas, enfermedades, deficiencias y carencias que afectan a un buen número de niños y jóvenes.

Casi 50 años

La asociación Asprodico, -acrónimo de Asociación Pro-discapacitados de Colmenar Viejo- fundada en 1978, atiende actualmente a más de un centenar de familias de Colmenar Viejo y municipios cercanos, ofreciendo terapias de logopedia, fisioterapia, estimulación temprana o atención psicológica. Su sede, en la calle Batanes número 4, se ha quedado pequeña para la demanda y la diversidad de tratamientos que requieren los usuarios.

El objetivo es que ningún niño con discapacidad se quede sin la terapia que necesita por falta de recursos”, subraya la vicepresidenta de la entidad y madre de una niña atendida en el centro, recordando que para mantener el proyecto y poder ampliar el centro faltan 350.000 euros, tras una inversión ya realizada de 130.000 euros . La asociación busca aumentar su financiación pública y privada, pero también apela a la colaboración ciudadana, ya que la lista de espera amenaza con dejar fuera a menores que necesitan atención inmediata.

La campaña “Ningún niño sin terapia” pretende visibilizar una labor que se desarrolla en silencio desde hace casi 40 años y que, sin embargo, resulta vital para muchas familias. “No hablamos solo de niños con síndrome de Down o autismo, que son las más comunes y fáciles de identificar—explica De Andrés—, también de otros problemas neurológicos, sensoriales o de desarrollo que requieren terapias específicas y constantes”.

Entender a los distintos

«Lo importante -subraya Ángela Santiago- es que todos entendamos que todos somos reponsables de todos y que también hay que entender y atender a los que son distintos de nosotros».

Asprodico nació en los años setenta de la mano de un grupo de padres y madres que se negaron a aceptar que sus hijos quedaran al margen de la sociedad y de la atención especializada. En aquel momento, Colmenar carecía de recursos y la asociación fue pionera en abrir camino. Casi cincuenta años después, el espíritu sigue siendo el mismo: que ningún niño se quede atrás. Y ese compromiso, recuerdan sus responsables, solo podrá mantenerse si Colmenar Viejo responde al llamamiento y ayuda a que la entidad consiga los fondos que necesita.

Los miembros de la junta directiva que han hablado con este periódico son prudentes a la hora de valorar el apoyo de las instituciones públicas. No hablan mal del Ayuntamiento -no en vano la asociación ocupa un extenso suelo municipal-, que aporta además 45.000 euros anuales, pero cuando se refieren a la Comunidad da la impresión de que se contienen.

«En todo caso -remata Javier de Andrés-, es tremendo pensar que hay muchos vecinos de Colmenar, de los que llevan aquí toda la vida, que aún no saben nada de Asprodico, pese a que han pasado por su sede un montón de veces. Por eso es tan importante la visibilidad».

La charla ha sido una gozada y se nos ha echado el tiempo encima. Pero seguiremos con el tema porque da para mucho.

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