El artista madrileño Floro Nieto presenta “Las tintas de Floro” en el Centro Cultural Pablo Ruiz Picasso de Colmenar Viejo, una exposición que recorre con melancolía los paisajes y pueblos de la España rural en riesgo de desaparecer.
RG: Floro Nieto es autodidacta y vital, y plasma con tinta china, café y pigmentos naturales una mirada que oscila entre la tristeza por lo perdido y la esperanza de conservarlo. “Siento que mi mundo está desapareciendo”, confiesa. Su muestra “Las tintas de Floro” podrá visitarse hasta el 25 de noviembre en el vestíbulo del Centro Cultural Pablo Ruiz Picasso de Colmenar Viejo, una exposición que recorre con melancolía los paisajes y pueblos de la España rural en riesgo de desaparecer.
La tinta como verdad
Floro Nieto, nacido en Madrid en 1954, nunca asistió a clases de dibujo. “He sido muchas cosas, pero autoridad en arte no”, dice con una sonrisa. Y, sin embargo, sus obras revelan una maestría técnica y una sensibilidad fuera de lo común. En sus palabras, “la tinta me atrae por la simpleza y la autenticidad, porque tienes que ser fiel al modelo para que el cuadro tenga alma”.
En sus manos, la tinta y la plumilla se convierten en un ejercicio de riesgo y precisión. “La plumilla no tiene mucha solución si te equivocas, no es como el óleo”, comenta. Sus paisajes, en blanco y negro, respiran silencio y memoria. Muchos representan pueblos abandonados, casas derruidas y muros desconchados. “Me duele ver que todo aquello que costó tanto levantar se esté cayendo sin remedio”, lamenta.
Para Nieto, dibujar es un acto de emoción y diálogo con lo que representa. “El dibujo me llama a mí. Cuando estoy dibujando, es como si me hablara: aquí dame más sombra, aquí dame más luz… es un diálogo permanente”.
Entre la nostalgia y la esperanza
Su obra es una declaración de amor a lo antiguo, pero también un grito de alerta. “Quiero que el que vea mis cuadros se revuelva y diga: joder, que se está cayendo”, afirma. Las escenas de pueblos despoblados o casas en ruinas apelan a una memoria colectiva: “Todo el mundo dice: así estaba la casa de mi abuelo. Pues arréglala”.
Esa mezcla de tristeza y esperanza atraviesa toda su exposición. Tal como recoge la nota de la Concejalía de Cultura de Colmenar Viejo, “Las tintas de Floro” “discurren por un sendero con dos vertientes: la profunda tristeza al contemplar lo que se desmorona y la esperanza de que alguien lo restaure para una nueva vida”.
En algunas de las obras expuestas introduce materiales insólitos: arena de sílice, colorantes de paella o pigmentos naturales. “Uso mucho el café. Los colores los elaboro artesanalmente”, explica. Los resultados, a medio camino entre lo pictórico y lo gráfico, revelan su mirada poética sobre lo cotidiano.
El arte hecho a mano
Nieto defiende el valor del trabajo manual frente a lo digital. “Toda herramienta que no tiene mango no me gusta”, sentencia. Para él, el arte no puede desligarse de la experiencia humana. “No sé qué placer puede producir que una máquina haga un trabajo por ti. Puede ser bonito, pero no se siente igual”.
Desde su retiro en Cabanillas, el artista mira el mundo con una mezcla de serenidad y desencanto. “Ya tengo 70 años y me lamento de que mi mundo está desapareciendo. Ya nada es igual, ni la gente, ni el lenguaje”. Sin embargo, sigue creando con pasión, convencido de que “hay que volver a la mano y al campo”.
La muestra “Las tintas de Floro” puede visitarse en el Centro Cultural Pablo Ruiz Picasso (C/ de la Iglesia, 12) hasta el 25 de noviembre, de lunes a viernes de 10:00 a 14:00 h y de 17:00 a 21:00 h, y los sábados de 10:00 a 14:00 h.










