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La falta de iluminación y mantenimiento en el parking de la Estación dispara la inseguridad y los riesgos

Foto: Diego Pedrosa

El aparcamiento de la Estación de Colmenar Viejo atraviesa un periodo crítico. Su progresivo deterioro —zonas totalmente a oscuras, ausencia de vigilancia, suciedad y deficiencias visibles en la estructura— ha encendido la preocupación entre los usuarios habituales, muchos de los cuales prefieren dejar sus coches aparcados en las calles adyacentes.

Redacción.- El parking, operativo desde 2008 y concebido como un eje clave de la movilidad para quienes combinan coche y Cercanías, ha ido sufriendo una progresiva degradación cuyo grado máximo coincide con un bloqueo en la gestión del servicio.

Según el Ayuntamiento, el pasado 20 de octubre debía haberse producido el relevo en la concesión, tras ganar otra empresa la licitación de la nueva etapa.

Negativa a abandonar

Sin embargo, el adjudicatario saliente, la empresa Promoparc Subterráneo Servicios S.L., se niega a abandonar la instalación, lo que ha derivado en un desahucio administrativo, que lleva tiempo, y ha impedido que el nuevo operador tome posesión y pueda iniciar las mejoras previstas.

En ese contexto, el mantenimiento cotidiano —esencial para evitar riesgos— se ha resentido. Las goteras, roturas y, sobre todo, las amplias zonas del aparcamiento sin iluminación han convertido muchos trayectos en auténticos puntos ciegos, generando preocupación por la seguridad personal.

Fuentes del anterior gestor, consultadas por este periódico, aseguran que la situación no es responsabilidad suya y remiten la totalidad del problema al Ayuntamiento, alegando que están “a la espera de que se resuelva el contrato”.

Punto muerto

El consistorio, por su parte, insiste en que la normalización de la gestión solo será posible cuando se complete el proceso administrativo que permita la entrada del nuevo adjudicatario. A la pregunta sobre quién debe asumir las reparaciones mínimas y urgentes en este periodo —iluminación, limpieza y vigilancia— no ha habido respuesta hasta la fecha.

Mientras el conflicto continúa, cientos de vecinos utilizan a diario un equipamiento clave que, por su escala y ubicación, debería funcionar como un punto seguro y bien mantenido.

La incertidumbre sobre los plazos para desbloquear la situación aumenta la preocupación de los usuarios, que confían en que la resolución llegue pronto y permita recuperar un estándar adecuado de servicio y seguridad en un momento, además, en que los problemas de movilidad por carretera son grandes por las obras de la M-607.

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