La nieve caída en la mañana de hoy ha vuelto a poner a Colmenar Viejo ante un problema que ya no puede considerarse coyuntural: la fragilidad extrema de sus infraestructuras de movilidad.
Redacción.- Que la nevada se haya producido un sábado, sin colegios ni actividad laboral intensa, es la única nota positiva. Con las carreteras saturadas, un transporte público sin capacidad de absorción y una planificación deficiente, cualquier episodio meteorológico moderado en un serio problema de acceso y salida del municipio.
Salidas a la sierra
Desde primeras horas del día, los accesos por la M-607, principal y casi única vía directa hacia Madrid, han registrado retenciones prolongadas, sobre todo en dirección a la sierra, donde los amantes a los deportes de nieve han acudido en masa. La combinación de nieve, hielo y obras en curso con reducción de carriles ha provocado una circulación muy lenta, especialmente en hora punta. La falta de itinerarios alternativos convierte cualquier incidencia —meteorológica o técnica— en un cuello de botella inmediato para miles de desplazamientos diarios.
El transporte interurbano por autobús no sirven como alternativa eficaz. Las líneas que conectan Colmenar con Madrid y otros municipios del norte han sufrido retrasos generalizados, con frecuencias ya de por sí ajustadas que hoy se han visto alteradas por el tráfico y la dificultad de mantener horarios regulares. La ausencia de carriles bus continuos en los accesos vuelve a dejar al transporte colectivo a merced del atasco.
Un sistema al límite
En el ámbito ferroviario, la situación tampoco ofrece refugio. Las reducciones de servicio en Cercanías, derivadas de obras y ajustes operativos acumulados en las últimas semanas, se han traducido en mayores tiempos de espera y trenes más saturados. Para muchos usuarios de Colmenar Viejo, el ferrocarril ha dejado de ser una opción fiable en momentos de crisis, justo cuando debería actuar como eje vertebrador de la movilidad y cuando están anunciados nuevos ajustes de frecuencia a causa de las obras previstas.
Todo ello se produce en un municipio que supera ya los 60.000 habitantes, con un crecimiento sostenido en las dos últimas décadas que no ha ido acompañado de una ampliación equivalente de infraestructuras. La nevada de hoy no ha creado el problema: ha revelado hasta qué punto el sistema funciona al límite incluso en condiciones normales.
Responsabilidades repartidas
Las responsabilidades están repartidas. El Gobierno central, a través de su gestión ferroviaria, ha normalizado un servicio de Cercanías con márgenes mínimos y escasa capacidad de respuesta ante incidencias. La Comunidad de Madrid, competente en carreteras y transporte interurbano, ha permitido que las obras en los principales accesos se prolonguen sin una planificación integral ni refuerzos efectivos del transporte público. Y el Ayuntamiento de Colmenar Viejo tampoco puede eludir su parte: el crecimiento urbano no ha ido acompañado de una estrategia firme y exigente para garantizar conexiones suficientes y resilientes.
La nieve desaparecerá en unas horas o unos días. El problema de fondo seguirá ahí. Cada episodio de mal tiempo confirma una realidad incómoda: Colmenar Viejo es hoy un municipio demasiado dependiente de infraestructuras insuficientes y de decisiones mal coordinadas entre administraciones. Y en esas condiciones, cualquier nevada, por leve que sea, vuelve a acercarlo peligrosamente al aislamiento.










