A finales de 1978, Colmenar rondaba los 18.000 habitantes, seguía gobernado por una corporación heredera del franquismo y dijo “sí” a la Constitución en línea con el apoyo abrumador registrado en la provincia de Madrid.
Redacción.- El 6 de diciembre de 1978 Colmenar Viejo acudió a las urnas para decidir algo que nunca antes se había preguntado a sus vecinos: si querían o no una Constitución democrática. España salía de la dictadura, aún conservaba muchas estructuras del régimen anterior y, sin embargo, en los colegios electorales del municipio se respiraba algo nuevo: la sensación de que esta vez el voto sí contaba.
«Fue muy emocionante, sin duda, -rememora el sociólogo Miguel Ángel de Andrés a preguntas de este periódico-. Los jóvenes llevábamos muchos años de lucha, en la asociacion de vecinos, en los partidos de izquierda, y aquello culminaba muchos anhelos».
Un pueblo de casi 18.000 habitantes
Según los registros oficiales de la época, Colmenar Viejo contaba entonces con algo menos de 18.000 habitantes. Era todavía un pueblo ganadero y agrícola, con carencias graves en educación, en sanidad, en servicios.
El arqueólogo Fernando Colmenarejo, recién casado entonces, ser refiere con emoción al «aire fresco» que marcaba aquella fecha en un entorno, «que era todavía caciquil» y que lo siguió siendo hasta la transformación que trajeron las elecciones municipales del año siguiente. «El nuevo ayuntamiento marcó un hito, como lo marcó la universidad popular y los cambios qu entre todos impulsamos», añade.
La cercanía de Madrid, la presencia militar y el crecimiento urbano empezaban a cambiar el paisaje social. En ese contexto, el referéndum constitucional fue también un espejo de la propia transición del municipio. «Pero Colmenar era un pueblo muy atrasado en muchas cosas, y yo creo que aquel día mucha gente, aunque fue a votar, no se daba cuenta de la trascendencia de aquello».
Quien así habla es Julián Díaz, actor y artista plástico, miembro de una extensa familia de colmenareños, que pone también el acento en las necesidades de educación de aquellos años: «Nos metíamos en la frutería a estudiar y a que vinieran a darnos clase los universitarios que ya iba habiendo en el pueblo. Pero todo era muy casposo todavía».
Un Ayuntamiento no democrático
Cuando los colmenareños depositaron su papeleta en 1978, el Ayuntamiento no había pasado todavía por las urnas. La corporación municipal seguía siendo de designación, heredera del marco franquista, como en todos los municipios españoles. El alcalde del momento era Francisco Sanz Madrid, o don Paco el Maestro, que dio clase a Fernando Colmenarejo antes de hacerse con el bastón de alcalde, que mantuvo durante años.
Las primeras elecciones municipales democráticas no llegarían hasta abril de 1979. Sería entonces cuando Colmenar Viejo estrenaría su primer alcalde elegido en las urnas –el socialista Armando Jusdado– y se inauguraría una nueva etapa política. que lo transfomaría todo.
El día del referéndum
El 6 de diciembre amaneció como un día laborable más, aunque cargado de significado. Los colegios electorales se habilitaron en escuelas y edificios públicos. Las urnas transparentes, las cabinas y las papeletas del “Sí” y el “No” formaban parte de una escenografía inédita para buena parte de la población, que nunca antes había participado en una consulta libre, aunque ya había tenido la experiencia de las primeras elecciones legislativas libres el 15 de junio de 1977.
En España, la participación rondó el 67 % del censo y casi el 88 % de los votos válidos fueron favorables a la Constitución. En la provincia de Madrid el respaldo fue aún más alto, con una participación algo superior al 72 % y cerca de un 90 % de apoyo al texto.
Colmenar Viejo se comportó de manera muy similar al conjunto de la provincia: una participación elevada para la época y un “sí” claramente mayoritario frente al “no” y a la abstención. El municipio se alineó así con la mayoría social madrileña que veía en la Constitución la oportunidad de cerrar la etapa franquista y abrir un sistema de libertades y autogobierno.
De la papeleta a la democracia municipal
La aprobación de la Constitución no se tradujo de inmediato en cambios visibles en la vida cotidiana del pueblo, pero abrió la puerta a todo lo que vino después: las elecciones municipales de 1979, la configuración de un Ayuntamiento elegido democráticamente, la ampliación de servicios públicos, la planificación urbana moderna y una nueva relación entre vecinos y administración local.
Para muchos colmenareños que vivieron aquella jornada, el recuerdo mezcla prudencia y esperanza: se votaba todavía con miedo a que el proceso se torciera, pero también con la convicción de que aquella papeleta podía marcar el rumbo de las décadas siguientes.
Un aniversario con sentido
Cada 6 de diciembre, cuando se conmemora el Día de la Constitución, Colmenar Viejo no sólo celebra un texto legal. Recuerda también aquel momento en el que, siendo un pueblo de apenas 18.000 habitantes y con un Ayuntamiento aún no elegido en las urnas, se sumó al gran “sí” colectivo que dio forma a la España democrática.
Miguel Ángel de Andrés lo tiene claro: «No dispongo de datos, pero me consta que la participación fue altísima«. Julián Díaz lo confirma: «Sí, hubo mucha participación, pero es que la televisión y la radio empujaron mucho».
Para las generaciones que hoy llenan las escuelas, las bibliotecas y las plazas del municipio, la Constitución es un marco dado. Para quienes hicieron cola en 1978 en los colegios electorales de Colmenar Viejo, fue una conquista.
Y es esa memoria la que sigue dando sentido a la fecha, aunque en alguno de nuestros interlocutores asome la duda: «Si hubiera sabido entonces lo que ahora sé -nos señala-, no estoy seguro de que votara este texto».










